Plaza de la Contratación

Un oasis. Mejor: una isla entre torrentes que se encaminan, apresurados, hacia el pasmo comprimido en unas pocas horas. Las riadas de turistas se empujan y compiten por la cercana Avenida. La Catedral, el Alcázar, son los reclamos y la Giralda el faro que los guía. Pero pocos se atreven o, quizás, simplemente desconozcan este camino alternativo que va de la Fama que suena en la Fábrica de Tabacos a la veleta de Sevilla. Es, por tanto, ruta que utilizan solamente los nativos o algún despistado que mira siempre hacia el cielo en busca de orientación.

Unos y otros la atraviesan sin saber que tras la fachada enorme y anodina de lo que hoy es un edificio administrativo pervive el viejo patio del palacio de Al Mutamid. Pocos pueden imaginar, pues, que por este lugar el rey poeta, el que todo lo tuvo y lo perdió todo, pasearía su amor por Itimad.

Yo era amigo del rocío, señor de la indulgencia,
Amado de las almas y de los espíritus;
Mi diestra regalaba el día de los dones,
Y mataba, el día del combate;
Mi izquierda sujetaba todas las riendas que dominaban
A los corceles en los campos de batalla.
Hoy soy rehén, de la cadena y de la pobreza
Apresado, con las alas rotas.

Quizás fue aquí mismo donde le nació la idea de que el único lugar posible para preservar del tiempo a la amada eran los pliegues de su poema:

Invisible tu persona a mis ojos, está presente en mi corazón;
Te envío mi adiós con la fuerza de la pasión, con lágrimas de pena, con insomnio;
Indomable soy, y tú me dominas, y encuentras la tarea fácil;
Mi deseo es estar contigo siempre ¡Ojalá pueda concederme ese deseo!
¡Asegúrame que el juramento que nos une, no se romperá con la lejanía;
Dentro de los pliegues de este poema, escondí tu dulce nombre Itimad.

Pero no se llamen a equívoco. No son la plaza ni las calles que a ella conducen remanso de paz. Cascos de caballos a compás, voces que se proyectan hacia el cielo, retazos de conversaciones pespunteadas por silencios. No, no es la tópica tranquilidad de los lugares recónditos, sino el ruido de una ciudad que aún pervive dentro del bullicio de parque temático que hoy es. Un buen lugar para ser acariciado por la brisa y dejar que la mañana discurra todo lo plácidamente que Sevilla se merece.