De cinco en cinco (tercera tanda)

¿También éramos así en nuestros años mozos? ¿En qué momento nos dimos cuenta de que el universo no giraba en derredor?

Ser el hombre gris que se cobija bajo el paraguas ofrece ventajas evidentes: no diluirse en la lluvia, por ejemplo.

Cada vez que mi hija pequeña tilda algún hecho de “épico” no puedo evitar pensar en el pélida Aquiles y su cólera funesta. También maldigo la opresión anglosajona en que vivo.

Asumir que esa idea brillante que estuvo rondando durante horas y no pudo ser fijada en el papel se ha perdido para siempre es el dolor definitivo.

Paradojas: el aforismo es género de la experiencia y, por tanto, propio de la vejez; la pérdida de memoria, también característica de la senectud, sojuzga con brazo de hierro el pensamiento.

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El siglo XX, II (2º de Bachillerato)

Recursos para el estudio de la literatura en la segunda mitad del siglo XX. Pulse sobre la imagen para acceder.

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El siglo XX, I (2º de Bachillerato)

Recursos para el estudio de la literatura en la primera mitad del siglo XX. Pulse sobre la imagen para acceder.

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Los siglos XVIII y XIX (1º de Bachillerato)

Una entrega más de la recopilación de materiales. Pulse sobre la imagen para acceder.

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Los Siglos de Oro (1º de Bachillerato)

Sigo con la tarea de recoger recursos en un único lugar. Ahora es el turno de los Siglos de Oro. Pulse sobre la imagen para acceder.

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La Edad Media (1º de Bachillerato)

Dejo a continuación una recopilación de diferentes materiales que pueden emplearse para el estudio de la literatura medieval. Pulse sobre la imagen para acceder.

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De cinco en cinco (segunda tanda)

Y entonces vacié la mente y me apliqué a la corrección de exámenes: un universo apenas conocido de pálpitos imprecisos, fracasos completos o parciales, esperanzas, victorias aisladas e incertidumbre me esperaba.

“Émula de la llama”, se me ocurrió. Ahí lo dejé, porque no tiene sentido repetir como papagayo, por mucho que deslumbre el plumaje.

Tener suerte en la vida es no haber sentido la necesidad de escribir versos de amor.

Dicen que decía Estrabón que le decían que en tiempos una ardilla podía atravesar la Península Ibérica saltando de árbol en árbol. Hoy —”hoy es siempre todavía”, según Machado— el animalito podría hacerlo brincando de cabeza en cabeza de gilipollas.

Lo más breve que puedas, por favor, que he de leerlo rápidamente para olvidarlo pronto.

Bécquer: una introducción

Por si a alguien le resulta de utilidad, dejo a continuación una breve presentación sobre Gustavo Adolfo Bécquer que realicé hace algún tiempo.

Plaza de la Contratación

Un oasis. Mejor: una isla entre torrentes que se encaminan, apresurados, hacia el pasmo comprimido en unas pocas horas. Las riadas de turistas se empujan y compiten por la cercana Avenida. La Catedral, el Alcázar, son los reclamos y la Giralda el faro que los guía. Pero pocos se atreven o, quizás, simplemente desconozcan este camino alternativo que va de la Fama que suena en la Fábrica de Tabacos a la veleta de Sevilla. Es, por tanto, ruta que utilizan solamente los nativos o algún despistado que mira siempre hacia el cielo en busca de orientación.

Unos y otros la atraviesan sin saber que tras la fachada enorme y anodina de lo que hoy es un edificio administrativo pervive el viejo patio del palacio de Al Mutamid. Pocos pueden imaginar, pues, que por este lugar el rey poeta, el que todo lo tuvo y lo perdió todo, pasearía su amor por Itimad.

Yo era amigo del rocío, señor de la indulgencia,
Amado de las almas y de los espíritus;
Mi diestra regalaba el día de los dones,
Y mataba, el día del combate;
Mi izquierda sujetaba todas las riendas que dominaban
A los corceles en los campos de batalla.
Hoy soy rehén, de la cadena y de la pobreza
Apresado, con las alas rotas.

Quizás fue aquí mismo donde le nació la idea de que el único lugar posible para preservar del tiempo a la amada eran los pliegues de su poema:

Invisible tu persona a mis ojos, está presente en mi corazón;
Te envío mi adiós con la fuerza de la pasión, con lágrimas de pena, con insomnio;
Indomable soy, y tú me dominas, y encuentras la tarea fácil;
Mi deseo es estar contigo siempre ¡Ojalá pueda concederme ese deseo!
¡Asegúrame que el juramento que nos une, no se romperá con la lejanía;
Dentro de los pliegues de este poema, escondí tu dulce nombre Itimad.

Pero no se llamen a equívoco. No son la plaza ni las calles que a ella conducen remanso de paz. Cascos de caballos a compás, voces que se proyectan hacia el cielo, retazos de conversaciones pespunteadas por silencios. No, no es la tópica tranquilidad de los lugares recónditos, sino el ruido de una ciudad que aún pervive dentro del bullicio de parque temático que hoy es. Un buen lugar para ser acariciado por la brisa y dejar que la mañana discurra todo lo plácidamente que Sevilla se merece.

De cinco en cinco (primera tanda)

Querría componer el aforismo definitivo: alfa y omega, o algo así.

Escribir aforismos es arriesgado. El plagio inconsciente, como espada de Damocles, pende sobre el autor hasta el instante preciso de la decapitación.

Mientras triunfa la posverdad, Juan Calvino se cuela por las rendijas del presente. Paradojas.

Nada puede ser peor que otorgar licencia para matar —digo, publicar— a analfabetos que no creen serlo.

La historia lírica de muchos poetas podría compararse a la relación con el padre: emulación, competición y asesinato, indiferencia y olvido, vano intento de resurrección.