De cinco en cinco (octava tanda)

Lo importante es el camino —qué obviedad—, porque en él pasan cosas. Da igual dirigirse a Ispahán o a Damasco.

De entre las actividades dominicales, una de mis preferidas es hacer paisaje: bien temprano, lanzo mi osamenta a la calle, la siento en la terraza de un café del centro y me aplico a la lectura de un libro de versos. Mientras mal leo, oigo las miradas de los transeúntes entre la admiración y la sorpresa.

Debía tener no más de diez años cuando el maestro nos pidió dibujar un árbol. Entre el bosque de olivos, pinos y naranjos, lo que parecía un sauce llorón aportaba su punto presuntuoso. De entonces a hoy poco ha variado el camino.

Sin saber nada de Física me pregunto: ¿Newton es Dios y Einstein el Hombre? ¿Es tan simple?

En algún momento se ha producido un cambio brutal en nuestra forma de observar y explicar el mundo: «pasar página» se dice ahora «pasar pantalla». Todo ha saltado por los aires y la desesperanza se han grabado en mi alma con fuerza inusitada. Soy un rancio, ya es evidente.

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De cinco en cinco (séptima tanda)

Quizás la poesía podría clasificarse en dos grupos: la normal y la cabrona. A continuación ya podría hablarse sobre las bondades de cada una de las opciones, propuestas, tendencias, etcétera.

Leer un poema y pensar “¡Qué hermosura!” está bien. Leerlo y exclamar “¡Qué cabrón el poeta este!” es mejor.

¿Ser un dios o ser guionista? He ahí la cuestión.

A veces pienso que solamente me guía el lucimiento personal. ¡Ay, vanidad, qué fiel amante eres!

Nunca perdonaré a la Nueva política hacerme sentir tan viejo. Tampoco perdonaré a Albert Camus haberme mostrado un resquicio de la condición humana.

Denme un clásico, que moveré el mundo

Retrato_de_Fray_Luis_de_LeónComo todos, un día me vi atrapado por la vanguardia y lo moderno. Creía que la ruptura siempre sería posible, que algo nuevo quedaba por escribir, por decir. Ahora, ya en camino hacia la vejez, suelo percibir que quien “modernea” habitualmente repite lo ya dicho, lo ya escrito, lo ya vivido. Porque los seres humanos —creo— estamos cortados por el mismo patrón, vivamos al norte o al sur, en el siglo XXI o en el XIV; porque nos atropellan las mismas pasiones; porque nos vemos expuestos a los mismos elementos.

Ayer, 11 de diciembre, se cumplieron cuatrocientos cuarenta y dos años desde que Fray Luis se reincorporó a su cátedra en Salamanca. Sí, recordad el divino momento en que inició su clase con el “decíamos ayer”, sea cierta la anécdota o no. Leí la efemérides en Twitter gracias a Carlos Mayoral y, al instante, recordé una de las odas que el poeta dedicó a don Pedro Portocarrero:

«No siempre es poderosa,
Carrero, la maldad ni siempre atina
la envidia ponzoñosa,
y la fuerza sin ley que más se empina
al fin la frente inclina;
que quien se opone al cielo,
cuanto más alto sube, viene al suelo.
Testigo es manifiesto
el parto de la Tierra mal osado,
que cuando tuvo puesto
un monte encima de otro y levantado,
al hondo derrocado,
sin esperanza gime
debajo su edificio, que le oprime.
Si ya la niebla fría
al rayo que amanece odiosa ofende,
y contra el claro día
las alas oscurísimas extiende,
no alcanza lo que emprende,
al fin y desaparece,
y el sol puro en el cielo resplandece.
No pudo ser vencida,
ni lo será jamás, ni la llaneza
ni la inocente vida
ni la fe sin error ni la pureza,
por más que la fiereza
del tigre ciña un lado,
y el otro el basilisco emponzoñado.
Por más que se conjuren
el odio y el poder y el falso engaño,
y ciegos de ira apuren
lo propio y lo diverso, ajeno, extraño,
jamás le harán daño;
antes cual fino oro
recobra del crisol nuevo tesoro.
El ánimo constante
armado de verdad mil aceradas,
mil puntas de diamante
embota y enflaquece, y, desplegadas
las fuerzas encerradas,
sobre el opuesto bando
con poderoso pie se ensalza hollando.
Y con cien voces suena
la fama, que a la sierpe, al tigre fiero
vencidos los condena
a daño no jamás perecedero;
y con vuelo ligero
viniendo la Vitoria
corona al vencedor de gozo y gloria.»

Se refiere Fray Luis a la maldad y a la fe inquebrantable en el triunfo de la bondad y la justicia. No hay asunto más actual, me temo, cuando en la coyuntura en que hoy vivimos siguen resonando la fiereza del tigre y la ponzoña del basilisco. Frente al veneno, esperanza; frente al mal —disfrazado o no—, firmeza de ánimo; frente al discurso vil, pureza; frente a los “novios de la muerte”, los esposos de la vida. Otra lección de los clásicos que nos llega a través del túnel del tiempo.

De cinco en cinco (sexta tanda)

Creo que ya tengo edad de pontificar desde el balcón de la plaza. Pero me sigue dando vergüenza. Quizás se deba a mi inseguridad patológica.

La sinceridad está sobrevalorada, te lo digo con franqueza.

Pocas situaciones provocan tanta ira como la de descubrir que alguien ha utilizado ya para sí las palabras que te habías reservado para el poemario que nunca escribirás. Supongo que podría aplicarse también a otros ámbitos: teoremas, unidades de medida, operaciones policiales contra el narcotráfico, muebles de automontaje…

Escribe Pedro Sevilla sobre el brillo verdadero que, en ocasiones, refulge “entre el barro de toda biografía”. Y lo hace aludiendo a la imagen de una mujer que agita un pañuelo blanco para despedir a un padre que viaja “con otros hombres tristes”. Es una foto fija en sepia, porque, entre otros desastres cotidianos, ya no hay pañuelos blanquísimos y la celulosa de usar y tirar lo inunda todo.

Tema Lázaro: ¿revivido o resucitado? Si lo primero, le habrá tocado en suerte morir de nuevo; si lo segundo, estará hasta las narices de andar por ahí. Una laguna de guion, me temo.

Florilegio de ocultos ingenios

El pasado curso puse a mis alumnos y alumnas a escribir biografías. Para evitar la tentación del plagio me pareció buena idea que las semblanzas no fueran de autores reales, sino de seres ficticios, de “entes posibles”. El resultado fue un buen número de textos de los que seleccioné unos pocos para componer un humilde volumen. Ahora lo comparto con el ruego de que sean ustedes benevolentes, pues se trata de chicos y chicas de catorce y quince años que se enfrentaban por primera vez a una tarea similar.

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Al ver el trabajo de los alumnos me vine un poco arriba y redacté tres parrafillos introductorios en los que pretendí reflejar ese bonito juego barroco de lo real y lo ficticio. No sé si lo conseguí. Juzguen ustedes.

No se engañe quien se acerque pensando que sea verdad lo que no es más que mixtificación; mas tampoco tranquilice su conciencia aquel que juzgare falso lo que bien pudiere contener trazas de realidad. Pues en toda certeza cabe la mentira; al igual que en toda falsedad, por muy alocada que pareciere, se esconden semillas de verdad.

Podría pensarse que los escritores cuyas vidas y obras se recorren en las siguientes páginas son fruto de la imaginación desbordada; sin embargo, no es posible afirmarlo de manera tan categórica si se atiende a las biografías referidas y las obras reseñadas. En todas y cada una de ellas se apuntan razones convenientes que bien podrían haberse dado; en todas y cada una de ellas asoma con coherencia la posibilidad de ser. Porque, en ocasiones, el ser no es más que el fruto de la voluntad; y la voluntad, queridos lectores, sumada a la constancia y a la capacidad son las armas más poderosas con que la humanidad se ha enfrentado al gigante del tiempo.

Los responsables de las semblanzas de estos autores han querido que fuesen y, por tanto, son. Cabría aducir que los hombres y mujeres cuyas trayectorias literarias son abordadas en este librito solamente viven en los estrechos límites de sus páginas y nadie tendría fuerza suficiente para negarlo; no obstante, piénsese en cuánto darían todos aquellos personajes alguna vez imaginados y nunca escritos por encontrarse en la situación de los que aquí habitan. Reconozcamos, en consecuencia, el mérito de existir a quienes aquí están y démosles carta de naturaleza a unas vidas que, si bien quizá nunca fueron, ciertamente ahora lo son.

Nuevos temas de Literatura Española de 2º de Bachillerato (segunda parte)

Continúo —y termino— con lo que empecé hace algunos días. Vayamos al grano sin entretenernos:

Y como no he podido resistirme a rebelarme, aunque sólo sea de manera testimonial, aquí va también esta humilde contribución que no sé cómo encajaré en el programa:

Cualquier día de estos me lío la manta a la cabeza y me rebelo más todavía preparando un temita sobre literatura en el exilio. Claro que si me lanzo, igual me quitan el carné de profesor, no sé.

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Nuevos temas de Literatura Española de 2º de Bachillerato (Primera parte)

En Andalucía se ha decidido este curso 2018-2019 —por fin— cambiar el modelo de examen de acceso a la universidad. No son muchas las innovaciones; sin embargo, por escasas que sean, obligan al profesorado que imparte el nivel a “darle una vueltecita” a los recursos y materiales que han venido utilizando hasta el momento.

En el bloque de Literatura, que ahora tiene algo más de peso en la materia, se ha eliminado el tema de narrativa hispanoamericana —gran error, desde mi punto de vista y decisión que merecería una entrada monográfica del blog, si es que tuviera algún sentido seguir escribiendo un blog— y se han renombrado los temas, alterando, por tanto, el contenido de los mismos.

Por mi parte, ya he terminado con el reacondicionamiento de los temas correspondientes al período anterior a 1939. Los comparto, como en otras ocasiones, en un ingenuo intento de que la Red siga siendo útil, más allá del “vocerío insano” en que por momentos parece que se está convirtiendo.

Además de los temas teóricos, también he preparado un par de selecciones de textos: una de Antonio Machado, aunque no pertenezca al grupo de los elegidos, y otra de Luis Cernuda, poeta en el que debemos centrarnos, según los ponentes de las universidades.

El “postureo” no tiene edad

Según el Diccionario de la Real Academia, la palabra ‘postureo‘ alude a una “actitud artificiosa o impostada que se adopta por conveniencia o presunción”. Ejemplos a lo largo de la historia hay muchos, desde el muy conocido soneto cervantino con su punto de provocación y chulería…

«¡Voto a Dios que me espanta esta grandeza
y que diera un doblón por describilla!
Porque ¿a quién no sorprende y maravilla
esta máquina insigne, esta riqueza?

»Por Jesucristo vivo, cada pieza
vale más de un millón, y que es mancilla
que esto no dure un siglo, ¡oh gran Sevilla!,
Roma triunfante en ánimo y nobleza.

»Apostaré que el ánima del muerto,
por gozar este sitio, hoy ha dejado
la gloria donde vive eternamente».

Esto oyó un valentón y dijo: «Es cierto
cuanto dice voacé, señor soldado,
y el que dijere lo contrario miente».

Y luego, in continente,
caló el chapeo, requirió la espada,
miró al soslayo, fuese y no hubo nada.

… Hasta el “hipsterismo” actual, pasando por la deliciosa comedia de Tomás de Iriarte Hacer que hacemos.

En Sevilla —Roma andaluza, como la denominan los “muy sevillanos y mucho sevillanos”— el postureo se ha elevado a categoría de arte cotidiano, especialmente cuando llegan nuestros días más señaladitos de primavera.

Pero no hay que dramatizar y lanzarse a la arena  de culpar de todo a los más jóvenes. Ya en las primeras décadas del pasado siglo el postureo cofrade había alcanzado tal entidad, que el dibujante de ABC Andrés Martínez de León tuvo a bien dedicarle una página entera y un personaje recurrente, Oselito.

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Oselito cuida su imagen al detalle, invita con lo que no tiene, se viste de nazareno y de costalero, promueve broncas nocturnas, cierra bares y, por supuesto, no paga sus deudas. Y todo en abril de 1930. Nihil novum sub sole.

Mañana de domingo

Amanece. Hace frío o, al menos, todo el frío que puede hacer por aquí abajo. Sales a la calle sin saber muy bien hacia dónde encaminar tus pasos. No quieres ir muy lejos, que hay que volver pronto, preparar el arroz, descansar, ver un partido de baloncesto y pensar en las clases de la semana entrante. El centro de la ciudad te da pereza, con tanto turista y sus veladores y su gente de aquí para allá. Quieres un lugar que sea solamente para ti durante unos minutos. Hay un candidato cercano: la esclusa nueva, junto a la “playa de los hippies”.

Al llegar compruebas que, ciertamente, no hay nadie, solamente el agua con la ciudad al fondo. Y las compuertas que regulan el caudal, la única puerta que queda en Sevilla.

No es especialmente bonito, te dices, pero tiene un no sé qué ese puente levadizo que se eleva hacia el cielo.

Las líneas rectas, limpias y puras; el fulgor blanco. Es simple y por eso parece tan hermoso. Y tan solo. Al fin.

De cinco en cinco (quinta tanda)

¿Realmente puede componerse un poema sin conocer, al menos, quince variedades de flores? ¿O sin haber perdido el sentido en quince noches de luna llena?

Lo afirmo con rotundidad: he visto rayos C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Pero todos sabemos que miento.

De cuando en cuando, es bueno recordar aquel tiempo casi niño en que la ortografía no había forjado la comprensión y los comercios de “efectos navales” provocaban siempre la risa cómplice o una franca carcajada.

Declaración de principios (I): por regla general, no me gusta la gente. El médico me ha recomendado que intente disimular.

Declaración de principios (II): por regla general, los médicos son ese tipo de gente de la que me fío poco. Intento disimular y adopto, en consecuencia, un rol hipocondríaco bastante convincente.