Nuevos temas de Literatura Española de 2º de Bachillerato (segunda parte)

Continúo —y termino— con lo que empecé hace algunos días. Vayamos al grano sin entretenernos:

Y como no he podido resistirme a rebelarme, aunque sólo sea de manera testimonial, aquí va también esta humilde contribución que no sé cómo encajaré en el programa:

Cualquier día de estos me lío la manta a la cabeza y me rebelo más todavía preparando un temita sobre literatura en el exilio. Claro que si me lanzo, igual me quitan el carné de profesor, no sé.

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El siglo XX, II (2º de Bachillerato)

Recursos para el estudio de la literatura en la segunda mitad del siglo XX. Pulse sobre la imagen para acceder.

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El siglo XX, I (2º de Bachillerato)

Recursos para el estudio de la literatura en la primera mitad del siglo XX. Pulse sobre la imagen para acceder.

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Unas canciones para una semana

Si algo recuerdo de mis clases de inglés del Bachillerato es la guitarra del profesor. Por aquellos años el aprender el idioma no me importaba mucho. El inglés no entraba en la Selectividad de entonces y era, claramente, una “maría”. Pero el profesor tenía una guitarra y, consciente de lo poco que nos importaba la lengua de Shakespeare, se dejaba caer en clase con ella para “cantiñearse” un poco. Un día nos regaló “El partisano”, de Leonard Cohen. Los ojos como platos, amigos míos. Hasta hoy.

Desde aquel año ochenta no he dejado de escuchar al canadiense —serio, de gris y negro, tocado en los últimos tiempos con su sombrerito, la voz siempre rota— que cantaba sobre el amor, la religión, la tiranía, las relaciones humanas. Un poeta que se valía de la música, aunque haya puristas de la más pura pureza que discuten la entidad literaria de algunos cantautores. Con Leonard Cohen he sentido la tragedia de Janis Joplin en “Chelsea Hotel” o me he metido en la piel de quien tras tomar Manhattan se encamina hacia Berlín, he sido un David enamorado que grita aleluya ante la belleza humana y se siente culpable ante el mismo Dios, he comprendido lo que es ser un hombre. Esta semana se nos fue, aunque seguirá viviendo mientras alguien entone una de sus canciones.

Narrativa latinoamericana del siglo XX

Dejo a continuación una pequeña presentación sobre la narrativa hispanoamericana del siglo XX.

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Palabras-clave.- literatura, Latinoamérica, Hispanoamérica, Sudamérica, América, narrativa, novela, realismo-mágico, novela indigenista, novela de la tierra, boom narrativo, Boom latinoamericano.

Carson McCullers: «Sucker»

Carson McCullersCarson McCullers fue una escritora norteamericana del siglo XX que nos dejó un nutrido conjunto de relatos y algunas novelas de indudable calidad. Para adentrarse en el mundo de la escritora, te propongo la lectura de uno de sus primeros cuentos:

Tras la lectura del relato, elabora un breve escrito en el que des cumplida respuesta a las siguientes cuestiones:

  1. Explica desde tu punto de vista cómo es la relación entre Pete y «Sucker» y qué papel juega en ella Maybelle.
  2. ¿Qué partes crees que pueden establecerse en la trama de este relato? ¿Por qué?
  3. En el relato has leído la siguiente frase: «Si una persona lo admira mucho a uno, uno la desprecia y no le importa, pero la persona que no se fija en uno es la que uno puede admirar». Expresa razonadamente tu opinión sobre esta idea.
  4. Investiga: ¿Cuándo nació la autora del relato? ¿Cuándo murió? ¿Dónde vivió? ¿Qué hechos marcaron su vida? La vida amorosa de la escritora es un tanto «complicada». Explica por qué. El relato que has leído se publicó en un libro junto a otros textos. Indica el título de ese volumen y la fecha de publicación.
  5. Haz memoria e intenta recordar el libro La bicicleta de Sumji, de Amos Oz, que leímos el curso pasado. ¿Crees que existe alguna conexión entre el asunto de este relato y el de aquel libro? ¿Has leído alguna obra o visto alguna película que pueda tener relación con el relato de Carson McCullers?

La extraña sencillez de Carson McCullers

Carson McCullers

Fue Carson McCullers (1917-1967) una mujer extraña, como casi todos esos escritores del Sur de Estados Unidos que durante el siglo XX forjaron una de las más potentes narrativas de la historia de la literatura. Grandes ojos abiertos a la realidad circundante, tozuda, que aflora permanentemente en unas novelas y relatos presentados como fragmentos de vidas en los que a menudo nada sucede fuera de lo normal —de lo que percibimos como normal—, aunque rara vez lo sea. Porque los personajes y situaciones de sus textos distan mucho de representar un mundo convencional: violencia, soledad, diferencia, marginalidad.

Desde una aparente sencillez narrativa, la escritora consigue comunicar una emoción que otros textos más artificiosos, trepidantes o convencionalmente emotivos no son capaces de lograr. Es otra forma de contar historias, al parecer hoy en desuso. ¿Cuál es el secreto? Difícil de precisar. Quizás resida en la empatía que se produce entre la autora y sus lectores o, mejor, entre los argumentos de sus relatos y los lectores. Las tramas de McCullers son perfectamente identificables. No es imposible que el lector se vea reflejado en algunos de los personajes que pueblan sus textos o que reconozca las situaciones narradas, directa o indirectamente. Son, en verdad, tramas duras nacidas en la frontera de la «normalidad», pero sin una pizca de falsedad que las alejen de nosotros y nos impida identificarlas como algo auténtico, pese a no ser reales. Hay algo de magia en las palabras de Carson McCullers, hasta el punto de pensar que sus narraciones son como el whiskey servido por la señorita Amelia, la protagonista de La balada del café triste:

«La bebida de la señorita Amelia tiene una cualidad especial. Se nota limpia y fuerte en la lengua, pero una vez dentro de uno irradia un calor agradable durante mucho tiempo. Y eso no es todo. Como es sabido, si se escribe un mensaje con jugo de limón en una hoja de papel, no quedan señas de él. Pero si se pone el papel un momento delante del fuego, las letras se vuelven marrones y se puede leer lo que contiene. Imaginen que el whisky es el fuego y que el mensaje es lo más recóndito del alma de un hombre: sólo así se comprende lo que vale la bebida de la señorita Amelia. Cosas que han pasado inadvertidas, pensamientos ocultos en la profunda oscuridad de la mente, de pronto son reconocidos y comprendidos. Un obrero textil que no piensa más que en telar, en la fresquera, en la cama y vuelta al telar; este obrero bebe unas copas el domingo y se tropieza con un lirio de la ciénaga. Y toma esta flor y la pone en la palma de su mano, examina el delicado cáliz de oro y de pronto le invade una dulzura tan intensa como un dolor. Y ese obrero levanta de pronto la mirada y ve por primera vez el frío y misterioso resplandor del cielo de una noche de enero, y un profundo terror ante su propia pequeñez le oprime el corazón. Cosas como éstas son las que ocurren cuando uno ha tomado la bebida de la señorita Amelia. Uno podrá sufrir o podrá consumirse de alegría, pero la experiencia le habrá mostrado la verdad; habrá calentado su alma y habrá visto el mensaje que se ocultaba en ella.»

Escribía Antonio Muñoz Molina hace ya algunos años que la literatura no era más que un artículo de lujo que se antojaba indispensable, porque funcionaba como una ventana que permitía ver el exterior y como un espejo que nos devolvía nuestra propia imagen. Algo así provoca la lectura de los relatos de Carson McCullers: permiten ver más allá y, a la vez, más acá; fuera y dentro, tan fácil de decir y tan difícil de lograr. En ocasiones, la narración pone el foco de atención en un trío de adolescentes, casi niños, que deben aprender a integrarse en el mundo; otras veces, se vale de una voz solitaria —extraña, como la escritora misma— que observa desde su ventana el paisaje humano que la rodea; o se centra en las relaciones amorosas entre personajes incapaces de amar. Sucesos narrados, en definitiva, no muy diferentes de los que cada día se viven, aunque llevados hasta el límite en muchas ocasiones.

Técnicamente, a McCullers le divierte jugar un poco con el lector e introduce en sus textos un poco de intriga, alguna frase salpicada aquí y allá que aluda a un suceso determinante que aguarda en el futuro de sus personajes y mantenga así la tensión de la trama. La estrategia, sin embargo, pierde pronto su efecto: el receptor, tras la lectura de un par de relatos, sabe ya que ese dead line, esas referencias al «día en que todo cambió», por ejemplo, no anuncian un hecho narrativo tan poderoso como cabría esperar. No va a suceder nada objetivamente emocionante, según los cánones convencionales, sino una de esas pequeñas transformaciones que la vida nos tiene reservada para bien o para mal. Curiosamente, la estratagema funciona a pesar de ser perfectamente reconocida. Sin desearlo, el lector se ve envuelto en ese juego falso de intrigas que no son tales. Es posible que la razón resida en que la vida misma no es muy diferente, una sucesión de expectativas que terminan por ser, simplemente, cambios asumidos sin más.

Otros recursos sobre Carson McCullers

Acercamientos a Franz Kafka

Primer acercamiento. La vida de Franz Kafka.

Son varios los documentales que sobre el autor checo pueden encontrarse en la Red. El del canal ARTE francés, ¿Quién era Kafka? (1 hora y 36 minutos, aproximadamente), adopta la forma de narración autobiográfica para recorrer la vida y pensamiento del escritor. No obstante, es posible que resulte más interesante para su uso en el aula el documental Franz Kafka: la última historia (52 minutos) producido por el Canal Historia, ya que el acercamiento a la figura es más convencional y su menor duración permite el visionado en el espacio de tiempo de una clase.

Sigue leyendo

Franz Kafka de un vistazo (infografía)

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El talento de Mister Ripley, de Patricia Highsmith

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