De cinco en cinco (séptima tanda)

Quizás la poesía podría clasificarse en dos grupos: la normal y la cabrona. A continuación ya podría hablarse sobre las bondades de cada una de las opciones, propuestas, tendencias, etcétera.

Leer un poema y pensar “¡Qué hermosura!” está bien. Leerlo y exclamar “¡Qué cabrón el poeta este!” es mejor.

¿Ser un dios o ser guionista? He ahí la cuestión.

A veces pienso que solamente me guía el lucimiento personal. ¡Ay, vanidad, qué fiel amante eres!

Nunca perdonaré a la Nueva política hacerme sentir tan viejo. Tampoco perdonaré a Albert Camus haberme mostrado un resquicio de la condición humana.

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