De cinco en cinco (segunda tanda)

Y entonces vacié la mente y me apliqué a la corrección de exámenes: un universo apenas conocido de pálpitos imprecisos, fracasos completos o parciales, esperanzas, victorias aisladas e incertidumbre me esperaba.

“Émula de la llama”, se me ocurrió. Ahí lo dejé, porque no tiene sentido repetir como papagayo, por mucho que deslumbre el plumaje.

Tener suerte en la vida es no haber sentido la necesidad de escribir versos de amor.

Dicen que decía Estrabón que le decían que en tiempos una ardilla podía atravesar la Península Ibérica saltando de árbol en árbol. Hoy —”hoy es siempre todavía”, según Machado— el animalito podría hacerlo brincando de cabeza en cabeza de gilipollas.

Lo más breve que puedas, por favor, que he de leerlo rápidamente para olvidarlo pronto.

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