La noche de las noches

Esta noche es Nochebuena
y mañana Navidad:
saca la bota, Perico,
que me voy a emborrachar.

Ya llegó. La noche más tremenda del año. Parecía que no volvería a suceder; pero ya están aquí las cigalas y el pavo, el jamón y el chorizo ibérico, también ese plato imposible en el que maridan queso, bacon, carne de conejo, mostaza y un poco de verdura para disimular. Ya está aquí la noche de los cuñados.

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Gracias a nuestro presidente del gobierno en funciones la noche promete: análisis electoral, posibles pactos, ruptura del orden constitucional, presidenciables con coleta o sin ella, intereses de partido frente a intereses patrióticos… La tía Lola, mientras tanto, se afanará por entonar algún villancico que rebaje la tensión, al tiempo que lanza miradas asesinas al tío Ramón, enfrascado en un plato repleto de patas rusas pese a que tiene el ácido úrico por las nubes. Pero de nada servirá —y lo sabes—, porque el cuñado Tomás dirigirá el aquelarre político-familiar-dantesco sacando un asunto conflictivo tras otro. ¡Qué tío! ¡Qué habilidad!

Los gemelos de Alberto y Pura, por supuesto, pasarán casi toda la cena bajo la mesa, comiendo patatas fritas y jamón como si no hubiera mañana. Parece que el tono discursivo y pontifical de algunos mayores abonase el lado salvaje de las criaturas.

Creemos que todo tiene su final; pero con los frutos de la estación —mantecados y turrones, mazapán de Montoro, licores y gin tonics— y el consecuente nublado de mentes, la conversación alcanzará cotas que solamente parecerían posibles en un cara a cara navideño entre Rajoy y Pedro Sánchez moderado por Darth Vader. Ahí ya la tía Lola habrá renunciado a casi todas sus pretensiones y se abrazará a la botella de Marie Brizard, que como es dulce no emborracha nada, nada, nada.

Finalmente, por pena, todos se resignarán a cantar un villancico. ¿Final feliz? Es posible, siempre y cuando el cuñado Luis —que ha estado calladito durante la velada, aunque todos sabemos que vota a Podemos y es un rojazo de tomo y lomo—, no decida hacer una gracia final improvisando una letra en la que el oro, el incienso y la mirra se transmuten en sobres repartidos bajo cuerda. Entonces la cosa vuelve a la casilla de salida y hay que renunciar, otro año más, a volver a casa a una hora decente. ¡Uy!, recordad que la palabra «decente» no puede emplearse esta noche para que el tío Ramón no vuelva del Walhalla del marisco y se sume a la contienda.

En fin, amigos, que dicen que es la noche de los cuñados (y de la tía Lola y el tío Ramón, y de los gemelos). Mucho ánimo y a por ellos, que son pocos y cobardes. No olvidéis que es muy probable que los cuñados seamos nosotros. Así que a disfrutar de nuestra noche, porque no van a dejarnos meter baza hasta dentro de un año.

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2 comentarios en “La noche de las noches

  1. Muy bueno…¡y muy nuestro! Feliz Navidad y buena entrada de año. Y mil gracias por permitirnos compartir tu trabajo en “El almacén” . Un abrazo

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