De Palestina a Canfranc

Leía hace poco a Mahmud Darwish:

El último tren se ha parado en el último andén, y nadie
salva a las rosas. Ninguna paloma se posa en una mujer de palabras.
El tiempo se ha acabado. El poema no puede más que la espuma.
No creas a nuestros trenes, amor, no esperes a nadie en la muchedumbre.
El último tren se ha parado en el último andén, y nadie
puede retornar a los narcisos rezagados en los espejos de la penumbra.
¿Dónde dejaré mi última descripción del cuerpo que en mí habita?
Todo ha terminado. ¿Dónde está lo que ha terminado? ¿Dónde vaciaré el país que en mí habita?
No creas a nuestros trenes, amor, las últimas palomas han volado, han volado,
y el último tren se ha parado en el último andén… y no hay nadie.

Mahmud Darwish, Menos rosas. Traducción de Mª Luisa Prieto. Madrid, Hiperión, 2008.

Poesía de trenes que es mucho más que carbonilla, desplazamiento horizontal, velocidad, hierro negro, espera. Y el último tren del poeta palestino me hizo recordar Canfranc, allá en el Pirineo aragonés, monumental en su soledad contra el telón montañoso. Canfranc, tan frío, y los trenes de Darwish, tan tristes. Casi nada es diferente, una vez más.

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