Sensaciones encontradas

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Ayer hubo debate político en televisión. Y fue raro.

Primero porque desde dos horas antes emitieron una especia de «previa» en la que se vieron cosas extrañas: frivolidades, comentarios sobre las vestimentas, una fan zone en la que acérrimos de uno y otro signo enarbolaban banderas y vociferaban consignas al son del regidor… Es cierto que el despliegue televisivo dotó al debate de mayor significación de la que probablemente tenía; pero me resultó raro, un poco forzado, «plasticoso», quizás demasiado orientado a la impostura, no sé.

También hubo «postpartido» —largo, larguísimo— en el que analistas de todo plumaje opinaron sobre quién había ganado. A esto de ganar o perder debates no termino de acostumbrarme. Todos los participantes dicen que han ganado, cada espectador pensaría que había ganado aquel candidato más afín. ¿Ganador absoluto? No sé. Pablo Iglesias estuvo bien, qué duda cabe, y supongo que habría que darlo por vencedor, aunque no creo que obtuviese ni un voto más de los que podría atesorar en otras circunstancias.

Por supuesto el debate fue raro porque decían que era «a cuatro» candidatos cuando solamente había tres. El del Partido Popular no estaba allí, sino descansando en el palacio de Doñana. En lugar de Mariano Rajoy se presentó la vicepresidenta, que no estuvo mal, dadas las circunstancias. Pero no deja de ser una pequeña estafa, creo. Si se trata de ver y oír a los candidatos a la presidencia del gobierno… En fin. La prensa y la Red están repletas de posibles explicaciones y elucubraciones sobre la ausencia de Rajoy, así como de defensas encendidas de la decisión del Partido Popular. De todo se puede leer. Yo creo que, al margen de estrategias y excusas inconsistentes, la no comparecencia del Presidente —ocupadísimo, dicen, y por eso de bolos electorales por media España analógica y digital— fue, por encima de todo, una falta de respeto. Pero seguro que no le traerá consecuencias. Creo que el Partido Popular tiene bastante fijado un electorado que le garantiza ganar las elecciones y presentarse después como víctima de «robo» en los pasillos del Congreso si por azares del destino perdiera el gobierno. La verdad es que Rajoy tenía poco que ganar en el debate de anoche y, quizás, algo que perder. Pero fue una falta de respeto, como tantas otras, como las comparecencias por «plasma» o las ruedas de prensa sin rueda, aunque con prensa. Es de esperar que, al menos, lo de ayer sirviese para que en futuras convocatorias todos —y digo todos— los políticos asuman su condición de servidores público y se presten a contrastar sus propuestas y personalidades en igualdad de condiciones. Quizás sea demasiado esperar, lo sé.

Por último, creo que fue raro porque para mí todos perdieron. Sáenz de Santamaría porque no pintaba nada allí y cada vez que la cámara la encuadraba esperaba ver a un señor gallego con barbas que de cuando en cuando guiña el ojo izquierdo. Pedro Sánchez porque no fue capaz de hacerme creer que iba a poder llevarlo a cabo algo de lo que decía, pese a esa voz aterciopelada y a esa pose tan correcta y ese empaque con que se adorna y esas poses a lo Kennedy y mi propia inclinación a creer lo que provenga del puño y la rosa. Me temo que el PSOE necesita algunos kilómetros más de travesía de desierto, «morir, dormir, tal vez soñar», como decía el bueno de Hamlet. Albert Rivera jugó al centrocampismo, repartiendo juego y recibiendo balones; pero estuvo nervioso, como descolocado. Me dio la impresión de que quería presentarse como el candidato confiable, la figura de consenso, aquel que podría ser aceptado por muchos, aunque no fuese su primera elección, el hombre-pacto, vamos. En un debate esa posición neutral es penalizada, al igual que cuando el medio-centro es superado y deja ver las vergüenzas del equipo ante el empuje del rival. Pablo Iglesias, sin embargo, renunció a toda posición neutra: estuvo activo e incisivo, provocador, duro, fácil —y facilón con sus «sonrisas y lágrimas» finales— en su argumentación. Cometió errores y marcó goles. Dicen que ganó el debate. Pero, ¿de verdad sirve para algo ganarlos?

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