Del engaño como estrategia en la ficción televisiva

Es un lugar común, ya lo sé, que el emisor juegue con las expectativas del receptor para generar la dosis de intriga necesaria que sostenga el relato. Habitualmente se emplea esta técnica hurtando información sobre personajes o tramas, porque sería complicado mantener el interés del espectador si un thriller, por ejemplo, aportase desde el principio la identidad del villano, las razones de sus actos y las consecuencias de los mismos. Sin embargo, no es tan normal que las series de televisión jueguen con los espectadores en lo tocante al género. De hecho, el género de la ficción suele estar perfectamente definido para fijar de esa manera la audiencia potencial a la que el producto se dirige: una serie de ciencia-ficción, drama romántico, intriga política, comedia de costumbres, etcétera. El receptor que ve el primer capítulo sabe al terminar qué puede esperar del relato y se prepara para asistir a un proceso narrativo que evaluará en función de las convenciones propias del género.

Jessica JonesDe cuando en cuando —cada vez más a menudo—, la oferta televisiva sorprende con series que transgreden las normas de género, incorporan elementos de diferentes modalidades y provocan en el espectador una sensación de «totum revolutum» muy moderna. La producción Jessica Jones, del canal online Netflix, es buen ejemplo. La protagonista es una superheroína de cómic que, sin embargo, no se disfraza para salvar al mundo ni utiliza su superfuerza en todos y cada uno de los momentos climáticos de cada episodio. También contamos con un supervillano, por supuesto, y con el «grupo de ayuda» de la heroína. Pero la serie se aleja de la tradicional ficción Marvel de superhéroes para mostrarnos el mundo interior de los protagonistas, su desapego con el entorno en que habitan, la tormentosa relación con sus superpoderes. La serie se mueve entre la ficción policial tradicional, la ficción fantástica y, si me apuran, el drama moral. Impera en ella una visión realista —incluso naturalista— que solamente en ocasiones se ve salpicada de fantasía. Pero el espectador —creo— no se ve sorprendido por completo. Ya está habituado a propuestas similares, tanto en el cine como en la ficción televisiva reciente, y se enfrenta a la producción con naturalidad. La capacidad relacional del televidente piensa en el último Daredevil o en el Caballero oscuro o en tantos otros relatos que comparten el carácter híbrido —aunque en menor medida— con Jessica Jones.

leftoversUn paso más adelante en la «estrategia de engaño» puede advertirse en la primera temporada de The leftovers, el último producto de Damon Lindelof y Tom Perrotta. El arranque es potente: un 14 de octubre de tres años antes desaparece el 2 por ciento de la población mundial. No hay explicación. Los dos primeros capítulos de la temporada sitúan al espectador en clave ciencia-ficción o fantasía. Parece que el resto de los episodios tendrán como objetivo establecer las razones de tan misteriosa desaparición. Sin embargo, a partir del tercer capítulo el tono cambia y el espectador comienza a darse cuenta de que se encuentra ante un producto de otra naturaleza: reflexión moral, análisis de la culpa, introspección, drama social. Los creadores dejan de mostrar interés por el pasado inexplicable para centrarse en el presente destruido de los personajes. Y la serie gana en interés con el golpe de timón. No he visto aún la segunda temporada, por lo que no sé qué camino habrán tomado los guionistas, si el de la fantasía o el de la exploración del alma humana. Habrá que esperar para saberlo.

Show_Me_a_Hero_TV-807010571-largeUn último ejemplo de estrategia de engaño que quisiera comentar es el utilizado en Show me a hero, miniserie creada por David Simon —autor de The wire y The corner— y dirigida por Paul Haggis. Aquí el arranque es claramente político: un concejal de la pequeña ciudad de Yonkers se enfrenta a la espinosa situación de construir viviendas sociales en los barrios de clase media. Todo apunta hacia un relato en torno a intrigas políticas en el ayuntamiento y al racismo latente en la sociedad de Yonkers. La tensión va in crescendo y parece que en el último capítulo se producirá una explosión de rabia colectiva similar a la que puede verse en Haz lo que debas, de Spike Lee. Pero el guion juega sabiamente con el espectador, sugiere posibles acciones que no terminan por aparecer y asiste, casi sin darse cuenta, al proceso de destrucción personal del alcalde Wasicsko al son de la música de Bruce Springsteen. Una auténtica delicia en seis capítulos. Cuando la miniserie termina, el receptor comprende que no ha disfrutado de una intriga política al uso, sino que ha consumido un relato sobre la condición humana, con sus grandezas y sus miserias.

Anuncios

Un comentario en “Del engaño como estrategia en la ficción televisiva

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s