Literatura y mujer

Guste o no, la literatura ha sido cosa de hombres. Sí, es verdad que ya en el primer texto conservado, el Poema de Gilgamesh, lo femenino se hace presente para civilizar a las figuras masculinas o que en la Biblia las mujeres intervienen en el proceso histórico del pueblo judío con un papel sobresaliente, aunque casi nunca protagonista. Sin embargo, pese a que el cincuenta por ciento —mal contado— de la humanidad es mujer, no me negarán que no son muchas las que ocupan plaza fija en el Parnaso. Ellas están presentes en los textos literarios, como no podía ser de otra manera, pero hasta hace bien poco se debía a la voluntad de los hombres dedicados a esto de escribir.

Si se observa la historia literaria, creo que pueden establecerse tres momentos diferentes en torno a la cuestión de la mujer. Para simplificar la idea he preparado una humilde infografía.

Pulse sobre la imagen para ampliarla
Pulse sobre la imagen para ampliarla

Hasta el siglo XVIII y la explosión de la sociedad burguesa, la mujer en la literatura se presenta como mero objeto. Es un ser angelical o demoníaco, bella u horrenda, capaz de salvar o de destruir al hombre. Vayamos a los orígenes, es decir, a la Biblia y a Homero. En el texto bíblico localizamos a la primera mujer, Eva, cuya curiosidad es «culpable» de que la humanidad sufra la expulsión del Edén y deba ganar el pan con el sudor de su frente. Para compensar tan gran mal, los Evangelios cristianos introducen otra figura femenina que compensa el desaguisado. Ahí está la humilde María, callada y sumisa, motivo de esperanza para la cristiandad. La tradición griega también se abre con dos mujeres que representan la idea de destrucción y salvación, respectivamente: la bella Helena, causante de que tantos hombres dignos encontrasen la muerte en las playas de Troya, y la fiel Penélope, faro que desde la distancia guía a Odiseo de vuelta a casa. Son muchos los ejemplos aparecidos en los siguientes siglos que podrían corroborar esta idea: la serrana de Tablada del Arcipreste, la Beatrice de Dante, Lady Macbeth, Ofelia o Julieta, Rosaura, etcétera. El caso es que durante un tiempo en que la literatura era obra casi exclusiva de hombres (perdónenme Safo o Teresa de Jesús), estos han recurrido una y otra vez a lo femenino para convertirlo en objeto que simboliza el bien o el mal con escasos matices.

A partir de la irrupción burguesa en la literatura producida en el siglo XVIII la cosa cambia. Una nueva clase llega al poder y con ella sus mujeres. El burgués enriquecido gracias a los negocios ya no puede permitir que su «santa esposa» realice trabajos domésticos y la pobre se aburre. Entonces aprende a leer y consume con voracidad novelas y novelas. Los nuevos escritores dieciochescos se percatan de que ahí existe un «nicho de mercado» (cosa que ya había descubierto Boccaccio en el siglo XIV, por otra parte) y se lanzan a satisfacer las necesidades de estas nuevas lectoras que no se limitan a consumir libritos de oración. La consecuencia es clara: aparece el género sentimental con Samuel Richardson y todo lo que vendrá después. Las novelas del XVIII y, sobre todo, la del XIX se llenan de historias de amor, de embelecos románticos, pasiones desbordadas que terminan con un final adecuado a las circunstancias de los y las protagonistas. Muy pronto, la mujer pasa de ser simple lectora a arriesgarse con la escritura: Jane Austen, las hermanas Brönte, nuestra Fernán Caballero. Son todavía pocas —y alguna es un poco rarita, como Mary W. Shelley, que se escapa de la tónica general—y aunque escriben novelas, se limitan en la mayoría de las ocasiones a repetir clichés acuñados por quienes siguen siendo los capitanes de la nave literaria. La mujer burguesa, lectora y, de cuando en cuando, escritora, se convierte en un problema: ¿se la puede seguir tratando de la misma manera que en siglos anteriores? Algunos novelistas y dramaturgos se lanzan al análisis de su situación y problemática: Flaubert en Madame Bovary, Tolstói en Ana Karenina, Leopoldo Alas en La Regenta, Ibsen en Casa de Muñecas. Son tantos que puede hablarse, incluso, de un género transversal en la literatura del XIX; pero sigue abordándose desde una perspectiva masculina, con mayor o menor empatía hacia las protagonistas.

Hay que esperar hasta el siglo XX para que realmente las cosas empiecen a cambiar. Con el nuevo siglo llega el tiempo de la mujer escritora que busca una voz y un espacio literario propios. Ya no se centra solamente en la perspectiva sentimental, sino que se siente con fuerza para tratar en pie de igualdad los mismos temas que sus compañeros masculinos, aunque sin perder una perspectiva femenina de la existencia. Virginia Woolf lo deja ya bien claro con anterioridad a la II Guerra Mundial, aunque será en la segunda mitad del siglo cuando se perciba el fenómeno con total claridad: Patricia Highsmith, Yourcenar, Carmen Laforet, Herta Müller, Alice Munro, Sylvia Plath y tantas y tantas mujeres que firman algunos de los más importantes textos narrativos o líricos de los últimos setenta años. Las escritoras actuales se ocupan por fin de la vida de hombres y mujeres sin tener que esperar a que un varón se decida a ocuparse de ellas y las trate como símbolo o problema que debe resolverse. En las letras actuales la escritora comparte protagonismo con el escritor —exceptuando el género dramático, quizás; pero eso será historia para otro día—, aunque junto a las más relevantes sigan perviviendo otras que continúan la estela abierta por las escritoras del diecinueve y se empeñen en presentar en sus obras un mundo dominado por la sentimentalidad sin matices.

Anuncios

2 comentarios en “Literatura y mujer

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s