No siempre es poderosa

Soy un antiguo. O quizás es que me he hecho mayor, ¡ay!

Siento que el mundo se derrumba mientras oigo hablar -con optimismo casi indecente- a quienes nos gobiernan, con sus bocas repletas de datos, tendencias, ipecés, variables numéricas que deben corregirse al alza, menores descensos de empleo de los últimos años y todas esas andanadas disparadas contra la línea de flotación de la esperanza. No, las cosas no son lo que parece, hombre; toda va mejor y muy pronto saldremos a flote, porque somos un ejemplo a imitar, porque se hace lo correcto. Quien diga lo contrario es un radical, caramba, un revolucionario encubierto que tan sólo desea que los datos sean negativos para tener una excusa que enarbolar contra la voluntad legitísimamente expresada en las urnas. Basta ya de insidias, miren los datos, ¿es que no los ven?

Y entonces desconecto y, como me hago mayor, no pienso en Celaya ni me siento un ingeniero del verso ni un obrero. Sólo recuerdo las palabras de Fray Luis de León a su amigo Pedro Portocarrero.

No siempre es poderosa,
Carrero, la maldad, ni siempre atina
la envidia ponzoñosa,
y la fuerza sin ley que más se empina
al fin la frente inclina;
que quien se opone al cielo,
cuando más alto sube, viene al suelo.

Testigo es manifiesto
el parto de la Tierra mal osado,
que, cuando tuvo puesto
un monte encima de otro, y levantado,
al hondo derrocado,
sin esperanza gime
debajo su edificio que le oprime.

Si ya la niebla fría
al rayo que amanece odiosa ofende
y contra el claro día
las alas oscurísimas extiende,
no alcanza lo que emprende,
al fin y desaparece,
y el sol puro en el cielo resplandece.

No pudo ser vencida,
ni la será jamás, ni la llaneza
ni la inocente vida
ni la fe sin error ni la pureza,
por más que la fiereza
del Tigre ciña un lado,
y el otro el Basilisco emponzoñado;

por más que se conjuren
el odio y el poder y el falso engaño,
y ciegos de ira apuren
lo propio y lo diverso, ajeno, extraño,
jamás le harán daño;
antes, cual fino oro,
recobra del crisol nuevo tesoro.

El ánimo constante,
armado de verdad, mil aceradas,
mil puntas de diamante
embota y enflaquece y, desplegadas
las fuerzas encerradas,
sobre el opuesto bando
con poderoso pie se ensalza hollando;

y con cien voces suena
la Fama, que a la Sierpe, al Tigre fiero
vencidos los condena
a daño no jamás perecedero;
y, con vuelo ligero
viniendo, la Vitoria
corona al vencedor de gozo y gloria.

Y espero.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s