Escena familiar

Mi mamá me dice que soy un niño terrible y no sé por qué. Yo sólo abro mucho los ojos y los clavo en los de otras personas; pero, al parecer, eso provoca que se vean reflejadas en ellos y se comprendan mejor. Yo creo que eso es bueno, aunque mamá piensa que nadie debe obligar a otro a entenderse a sí mismo. Papá suele callar cuando hablamos de estas cosas, porque está muy ocupado con sus maderas y no tiene tiempo para tonterías. Mamá se enfada un poco con la actitud de papá y le dice que ella tiene que llevar todo el peso y que no colabora y que la gente del pueblo terminará por hacernos emigrar otra vez. Cuando la conversación se pone ya insoportable, papá deja de cepillar la madera, me coge de la mano y me lleva a dar un paseo. Así, mamá puede descansar un poco de mí y pensar en sus cosas, que buena falta le hace su poquito de intimidad, como dice el bueno de mi papá. Me gusta que este paseo con papá sea al caer la tarde, porque solemos salir del pueblo y vemos cómo los últimos rayos de sol bañan de luz rojiza las casas de Nazaret.

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