Agamenón y su porquero. Una historia.

Como saben, este 2013 ha traído como novedad en la parrilla televisiva la información de actualidad. A lo largo de la semana, algunas cadenas han incorporado programas de diversos formatos y en diferentes franjas horarias que tienen como denominador común la poítica, los escándalos de corrupción, el drama de los deshaucios y los recortes -que algunos se empeñan en llamar reformas- en los servicios sociales. Tras una semana tensa y repleta de información, en la noche del sábado compiten dos espacios que pretenden recapitular y valorar lo ocurrido. Son innumerables las críticas que reciben: que si “espectacularizan” la información, que si falta profundidad en el análisis, que si la frivolidad sobrevuela por encima de los argumentos, que las posturas mantenidas por los invitados son demasiado pétreas y negadas al enriquecimiento mutuo. Todos los defectos son ciertos; sin embargo, debe tenerse en cuenta que es televisión en hora de máxima audiencia y los tiempos y la España del mítico programa de José Luis Balbín ya pasaron y, me temo, no volverán. En cualquier caso, estas propuestas informativas me parecen válidas como punto de arranque para la reflexión personal, si es que el televidente es capaz de mantener la cabeza fría y no se deja llevar por el “hooligan” irracional que todos llevamos dentro.

Uno de estos programas dedicó añoche un buen rato a la cuestión educativa a raíz de la polémica entrega de premios a universitarios que han demostrado un alto rendimiento.

El debate se planteó entre los contertulios defensores de la legitimidad de la protesta estudiantil y quienes opinaban que el desplante al ministro no era más que una falta de educación. Lo cierto es que se trataba de una polémica vacía y sin interés, aunque al hilo de la cuestión surgieron opiniones curiosas que creo dan muestra de cómo está el solar patrio. Francisco Marhuenda, director de La Razón, insistió una y otra vez en la falta de educación de los jóvenes y en la falsedad de que las acciones del ministro Wert atenten contra la igualdad en el acceso a la educación. Según él, de lo que se trata es de premiar el esfuerzo y no la “igualación por abajo”, por eso defiende la nueva política de becas y, supongo, la subida de tasas universitarias: hay que ganar el pan con el sudor de la frente. El problema que se adivinaba en la argumentación de Marhuenda residía en la insistencia en el esfuerzo académico en una tertulia que versaba sobre los jóvenes más brillantes -y más esforzados- de sus respectivas promociones universitarias. Extraño. Y más extraño aún el hecho de no plantearse ni por un instante que aquellas personas con menos recursos económicos deben realizar también un esfuerzo mucho mayor, pues no cuentan con las ayudas académicas que una familia económicamente saneada puede comprar. Ya sé que la vida es así de injusta, pero el espíritu de la política de becas debiera ser, precisamente, equilibrar las diferencias sociales y no una simple inversión del estado -o de la sociedad- en “cerebros” que acaben dando un rendimiento superior a lo invertido. Un ejemplo. Si el hijo de una familia acomodada tiene ciertos problemas, por ejemplo, con la Física, los padres pueden optar por reforzar esa materia con unas clases particulares y lograr así el suficiente. En otro barrio, el hijo de una familia con escasos medios que encuentre los mismos problemas no podrá disfrutar de esas clases porque no puede pagárselas, además de no disponer -quizás- de un lugar adecuado para estudiar, de tener que echar una mano en el negocio familiar, de no tener acceso a bibliografía o lo que quieran imaginar. Por si fuera poco, para obtener la beca que permita su matriculación, este segundo muchacho no tendrá que obtener un 5 en la materia, sino un 6’5. Francisco Marhuenda no se planteaba ayer esta situación de desequilibrio y la negaba cuando otros aludían tímidamente a ella, ya que, según palabras propias, no conocían la universidad como él, que era profesor. Esta última idea me causó, por cierto, cierta desazón: Francisco Marhuenda es profesor universitario, dirige el periódico La Razón, escribe artículos a diario, se pasa los fines de semana de tertulia en tertulia, colabora en emisoras de radio y conoce personalmemte a la plana mayor del partido en el gobierno: ¿no son demasiadas actividades? ¿es ubicuo el señor Marhuenda? ¿es, quizás, uno de los guardianes del tiempo, capaz de plegarlo y desplegarlo a su antojo?

Junto a Francisco Marhuenda, el subdirector de El Mundo, Eduardo Inda, también se coronó anoche. El periodista se despachó a gusto tildando la protesta de los jóvenes premiados como un acto que mostraba “tics fascistoides”. Puede acusarles de incorrección o de falta de educación; pero no sé qué tiene que ver negar el saludo a alguien con el fascismo. Alguien debiera escribir en los libros de estilo de los medios españoles que dejasen de utilizar términos como fascista, nazi, estalinista, bolivariano o similares para todo. Ya está bien, señores. Trabajen un poco sus intervenciones, intenten ser más rigurosos y olviden los tópicos, por favor. La intervención de Inda me hizo pensar en cómo podríamos manifestar nuestro desacuerdo: los “escraches” son propios de nazis, no estrechar la mano a un ministro es un tic fascista, vestir una camiseta verde para ir a clase es manipulación las tiernas mentes de los jóvenes, manifestarse es un atentado contra la voluntad popular legítimamente expresada en las urnas. Está claro que si no estoy de acuerdo con alguna medida y no quiero ser acusado de nada tendré que encerrarme en el cuarto de baño y gritar mi indignación mientras tiro de la cadena.

La verdad es la verdad, dígala Agamenón o su porquero; pero últimamente prefiero al porquero, oigan.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s