El Corpus en sus vísperas

Que me perdonen quienes profesen la sevillanía militante como única religión verdadera. Lo siento en el alma, pero siempre me ha parecido la celebración del Corpus Christi en esta ciudad una de las actividades más rancias que el ser humano pueda desarrollar. Por supuesto no me quiero referir a la cuestión teológica, que este no es lugar ni momento, sino a la forma en que se viven estas fechas.

DSC_0070.jpgLa tarde anterior al jueves de Corpus un buen número de sevillanos se arrojan a las calles del centro de la ciudad para vivir en directo la puesta de altares, visitar la catedral, asistir al concierto de la banda municipal, tomar alguna que otra cerveza con caracoles o, simplemente, pasear antes de que los rigores del verano impidan poner pie sobre el asfalto ardiente. Por cuarta y última vez durante la primavera, Sevilla se convierte en un espectáculo más o menos improvisado en el que cada habitantes representa el papel que tiene reservado.

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DSC_0067.jpgEs seguro que al poco de aterrizar en los aledaños de las plazas del Corpus (Virgen de los Reyes, San Francisco, Salvador, Plaza Nueva) el paseante se encuentre con uno de los muchos altares que saludarán la mañana siguiente el paso de la procesión: imágenes de santos, del niño Jesús, custodias, candelabros, flores, plata bruñida, pan y vino; todo ello sobre fondos de terciopelo color corinto. Las hermandades, parroquias o asociaciones religiosas vuelcan parte de su patrimonio en la calle en día tan señalado para homenajear al Santísimo Sacramento y, a la vez, ser admirado por la población aborigen que ve en la disposición tradicional restos de lo que fue, de lo que se resiste a desaparecer. Los turistas, mientras tanto, se sorprenden ante una ciudad que ha convertido su tejido urbano en lugar de culto y cuchichean sobre la religiosidad del pueblo sevillano y otras lindezas bastante alejadas de la realidad.

DSC_0058-Editar.jpgEn esta Sevilla de contrastes se producen en las vísperas curiosas coincidencias temporales: el altar que nos hace remontarnos al siglo XVII y el paso del tranvía que mantiene al viandante aferrado a su propio tiempo. Todo se mezcla para que casi nada tenga sentido fuera de ese aquí y ahora.

DSC_0139-Editar.jpgLos altares callejeros, aunque los elementos esenciales sean idénticos, son de naturalezas diferentes, mayores o menores, elevados hacia el cielo azul o más apegados a la dimensión humana. Pueden sorprendernos en una amplia plaza o en el ensanche de una calle para convertir el recorrido de la procesión en una especie de templo.

DSC_0109-Editar.jpgPero el espíritu del Corpus no se refleja solamente en los altares. También el comercio tradicional de la zona se suma a la celebración incluyendo en sus escaparates motivos sacramentales y algunos vecinos adornan los balcones con colgaduras o mantones de manila.

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Gracias a los altares, los escaparates y los balcones engalanados, a media tarde el escenario de la representación está dispuesto para que el público pueda familiarizarse con él. Faltan solamente los actores principales que llevarán el peso de la puesta en escena (las fuerzas vivas de la localidad), pero que no llegarán hasta las primeras horas de la mañana. Mientras tanto, en las vísperas hacen aparición algunos grupos de figurantes: carráncanos que procesionan y músicos que interpretan breves piezas en las cercanías de la catedral. Casi todo está dispuesto para que comience la función.

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