Vientos del norte

Incluso ahora que tenemos un enemigo común, los franceses nos la quieren volver a liar. No les basta con haber comandado nuestra flota hasta el desastre de Trafalgar ni con sembrar el terror ateo en la católica España de la primera década del siglo XIX. No. Los vecinos del norte son insaciables y se despachan estos días con la idea de que no tendremos verano. Como es lógico, los muy pérfidos disfrazan el atentado contra la primera industria nacional de predicción científica -que si el deshielo ártico, que si la temperatura atlántica- para así disimular las verdaderas intenciones: que los adinerados que en el mundo son cambien las caricias del sol español, la paella y los litros de sangría por las humedades y vientos de la dulce Francia. Total, si va a llover mejor nos dejamos caer por París y que los nenes se hagan fotos con el ratón ese.

Menos mal que los vigilantes de la patria -o de la playa- han estado despiertos y no han dejado pasar ni veinticuatro horas antes de negar con rotundidad tamaño despropósito. Nosotros también disponemos de científicos a quienes recurrir cuando el futuro se encona y de la defensa de la identidad nacional se trata. Faltaría más: ¿O es que no vencimos en Bailén? ¿O es que no hubo un dos de mayo?

Pese a la tranquilidad que me ha invadido al conocer de primera mano que no es segura la baja laboral del señor verano, no hace mucho di con un signo que a la luz de las afirmaciones francesas me llena de incertidumbre. En una verja encontré anclada una hoja otoñal. Apenas reparé en lo anacrónico de la situación; sin embargo, bien que podría ser un infausto presagio.

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Quizás esta humilde hoja no era más que la avanzadilla de lo que se nos viene encima, de tiempos ventosos y lluvias inopinadas que persiguen terminar con lo poco que queda en el solar patrio. No obstante, si el futuro inminente es así no tendremos más remedio que enfrentarlo con la mejor de las sonrisas forzadas y pensar en los aspectos positivos del cambio climático. Al no haber estío, entiendo que tampoco habrá canción del verano -un descanso en medio de la tormenta- ni las redacciones se llenarán de becarios que escriben sus crónicas plagadas de errores lingüísticos y conceptuales a cambio de bocadillos de mortadela. Supongo que las parrillas televisivas tampoco se llenarán de esas galas frescas insufribles ni de reposiciones  de series que ya apestan. Visto así, quizás sea deseable que no haya verano, que llegue ya el otoño con sus coleccionables y las nuevas temporadas de los reality de máxima audiencia. Caramba, el panorama que acabo de esbozar no parece una buena opción. Con verano o sin él, estamos rodeados, afirmo colérico.

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2 comentarios en “Vientos del norte

  1. Los que hemos nacido y vivido nuestra infancia, adolescencia y primera juventud en la esquina noroeste estamos acostumbrados a estos veranos atípicos del sur y típicos de aquellos lares. Pero el hábito hace al monje, o algo así, y ya casi estoy echando de menos el cálido viento de levante. Porque así me gusta más el contraste cuando, como todos los años, voy a pasar algunos días a mi tierra. Porque la diferencia es lo que sirve para apreciar las bondades de una y de otra.

    • ¡Cuanta razón tienes en lo de que la diferencia permite valorar las bondades propias y ajenas! Más de uno debiera tatuarse la frase en la frente. Ya lo dijeron los franceses, precisamente: ¡Vive la petite différence!

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