La verdad publicada

“Tu verdad no; la verdad
y ven conmigo a buscarla.
La tuya, guárdatela.”
Antonio Machado

 

Como supongo que sabrán, ayer hubo huelga educativa. No convocaban todos los que son -es verdad-; pero sí eran -más o menos- todos los que estaban. En fin, una huelga con sus luces y sus sombras, lógicamente; con su baile de cifras; con sus negaciones o afirmaciones absolutas; con su objetivo también más o menos claro. Es lo que tiene la vida en democracia: unos hacen la ley y otros manifiestan su disconformidad o conformidad con las herramientas de que disponen. Al día siguiente toca hacer valoraciones o actuar en consecuencia a lo vivido. De momento, el Gobierno ha decidido retrasar la aprobación de la LOMCE en Consejo de Ministros aduciendo la existencia de algunos flecos en materia de financiación o, quizás, esperando la llegada del tiempo de exámenes o las vacaciones, con las dificultades evidentes que ello plantearía para la organización de protestas. Como ya he dicho, cada cual juega sus bazas y las de algunos sectores son muy obvias.

Pero al margen de lo que suceda, en este país nuestro de todos los demonios hace ya mucho que la actitud de la prensa ante el hecho noticiero termina por ser más relevante que el hecho mismo. Todo se retuerce hasta acercarlo a las posiciones defendidas por el medio en cuestión sin el más mínimo sonrojo. El problema resultante de este comportamiento es la multiplicidad de imágenes estancas de España, de manera que quien se informe por uno en exclusiva obtendrá una fotografía radicalmente contraria a la obtenida por quien se acerque a otro medio de comunicación. Ya sé que este es un rasgo característico de la comunicación periodística; sin embargo, probablemente llevado por un mal leído horacianismo que me orienta hacia el promedio, cada día me resulta más insufrible la brutal divergencia de puntos de vista.

En relación a las protestas de ayer, las portadas de la prensa española han vuelto a dibujar estas posiciones encontradas. La mayoría de los medios se han decantado por reservar amplio espacio en ellas para las manifestaciones; aunque sorprende -o no tanto- que La Razón y El Mundo se desmarquen de la tónica general. El primero dedica un escueto recuadro de texto en el que se alude al fracaso de la huelga y se insiste la falsedad de los recortes sociales; El Mundo, en cambio, no alude a la huelga mediante titular, sino con una fotografía en la que muestra a un manifestante de camiseta verde, cresta en la cabeza y puño en alto. Parece claro que ambos medios cuestionan las protestas o las reducen a una simplicidad insultante.

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Signo contrario encontramos en otros barrios periodísticos. El País, sin fotografía, y La Vanguardia, con amplio despliegue de texto e imagen, aluden a la amplitud de la protesta. Cada periódico opta por este punto de vista por motivos diferentes que sería innecesario exponer en estas líneas.

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ABC opta, quizás, por la posición más clara en la portada de la edición madrileña: sobre una enorme fotografía de un enmascarado que lanza una “patada voladora” contra una puerta de cristal, el diario afirma el supuesto fracaso de la convocatoria como un capítulo más del alejamiento de la izquierda y los sindicatos de los intereses generales de la nación que -como todo los lectores de ABC saben- coinciden con todas y cada una de las medidas del Gobierno actual. La edición sevillana cambia la imagen y propone una instantánea desoladora de un muchacho mochilero sentado ante el vacío. La idea es diáfana: la huelga fue minoritaria, alejada de la voluntad popular, violenta, sectaria, enfermiza.

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Para el último lugar he dejado la portada de Diario de Sevilla por lo contradictorio de la misma. El gran titular habla de una “huelga a medio gas”, de la escasa incidencia en el profesorado y de la poca participación en la manifestación de la tarde. No obstante, la imagen que lo acompaña niega tales afirmaciones. No sé a estas alturas si una imagen siguen valiendo más que mil palabras o no, pero si yo fuera el dueño del medio llamaría a capítulo al resposable.

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En fin, visto lo visto, la única posibilidad de saber qué narices pasó ayer es haber asistido a algún acto y asumir que esa verdad que percibes es sólo tuya y no extrapolable. También existe la posibilidad de ser ubicuo. O la de susurrar, como Francisco de Medrano, “Suframos, Amarilis, y callemos”.

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