Iniciativa

La asistenta es una emperatriz. Gobierna la vida familiar a su antojo, sin someterse a leyes y sin responder ante nadie. No hace mucho, por error, cambió la disposición de los objetos de la escribanía. Nada sucedió, ni una queja, ni una leve alusión sin maldad que demostrase interés alguno de los miembros de la familia. Espoleada por la impunidad de su acto, decidió alterar la configuración del salón-comedor, pues pensaba que con el nuevo orden se aprovecharían mejor los últimos rayos del sol vespertino. El ritmo de la vida en la casa no dio muestras de haberse alterado.

Pensando en el bien de todos, esta mañana ha tomado la comprometida decisión de trasladar al abuelo a una sala más confortable, con agradables vistas y una suave luz tamizada por las copas de los árboles del jardín. Sabe que a partir de ahora se verá obligada a emplear parte de las mañanas de domingo en visitarlo en la residencia; pero se convence al pensar que así es el compromiso adquirido por quien aspira a convertirse en una buena gobernanta.

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