Lo inevitable

Parece mentira que la brevedad extrema, la búsqueda de la palabra sugerente que ha de convertirse en centro de la composición, la construcción -siempre con naturalidad- de un final de impacto que empuje a reinterpretar el conjunto o a meditar largo tiempo sobre lo narrado pueda llevar al autor hasta el agotamiento y el hartazgo. Es un breve descanso muy cansado, sí, Quevedo tenía razón. Por si fuera poco, el microcuentista sabe que es inevitable terminar por repetirse a sí mismo. Inconscientemente, se desenvuelve entre un limitado mundo de caracteres y situaciones que han funcionado con anterioridad y de las que no es capaz de liberarse si no es tras ardua lucha. Por eso ha descuartizado al lindo gatito siamés que le regalaron en Navidad: sus continuos maullidos y la molesta costumbre de frotarse contra la pantorrilla le impedían cuadrar una historia -por fin- sin sucesos violentos, sin morbosidad, sin falsos efectismos que golpearan la comprensión del lector.

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