Lo inevitable

Parece mentira que la brevedad extrema, la búsqueda de la palabra sugerente que ha de convertirse en centro de la composición, la construcción -siempre con naturalidad- de un final de impacto que empuje a reinterpretar el conjunto o a meditar largo tiempo sobre lo narrado pueda llevar al autor hasta el agotamiento y el hartazgo. Es un breve descanso muy cansado, sí, Quevedo tenía razón. Por si fuera poco, el microcuentista sabe que es inevitable terminar por repetirse a sí mismo. Inconscientemente, se desenvuelve entre un limitado mundo de caracteres y situaciones que han funcionado con anterioridad y de las que no es capaz de liberarse si no es tras ardua lucha. Por eso ha descuartizado al lindo gatito siamés que le regalaron en Navidad: sus continuos maullidos y la molesta costumbre de frotarse contra la pantorrilla le impedían cuadrar una historia -por fin- sin sucesos violentos, sin morbosidad, sin falsos efectismos que golpearan la comprensión del lector.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Me encantan estas metaficciones, José.
    Es inevitable, también, repetirme en esta apreciación de lectura.
    Sañudos van. Un placer leerte.

    1. Pues no sabes lo que te agradezco esas repeticiones de las que hablas, Sandra. Un saludo.

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