Costumbres

Se trata de un mal hábito como cualquier otro; pero no creo que colocar los pies sobre la mesa sea para poner el grito en el cielo, mesarse los cabellos, perder el habla o temblequear. Es una constumbre contraria a la higiene, lo sé, una falta de respeto y todas esas zarandajas que nos metieron en la cabeza con calzador, reprimendas, castigos y perseverancia: “¡Niño, que te lo tengo dicho mil veces: los pies en el suelo!”. Sin embargo, no puedo evitarlo. En cuanto me relajo un poco y me abraza la agradable conversación, esa en la que las palabras fluyen desde el corazón a la epidermis, olvido el esfuerzo de cuantos se empeñaron en hacer de mí un hombre educado y retomo la vieja costumbre. Pese a lo recurrente de la reacción, siempre me sorprenden los ojos desorbitados de quienes contemplan la bota ortopédica sobre la mesita de café.

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