Bodas de oro

Enfermó de gravedad al comprobar las constantes casualidades que un tiempo caprichoso se empeñaba en producir: “Es estremecedor asistir a la reiteración de hechos equivalentes -pensaba- y no poder hacer nada por evitarlo”. Al pie de su lecho de dolor, la esposa asentía compungida mientras intentaba disimular un esbozo de sonrisa perversa. Sí, ella le había regalado, envuelto en un beso de amor, aquel grueso volumen de efemérides.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s