El viajero en el andén

Se mantuvo entre nosotros hasta que la electricidad y el diésel lo condenaron al olvido. La silueta oscura que desaparecía entre la bruma artificial del vapor, marcando el paso al ritmo del silbido de la locomotora, se perdió irremisiblemente entre esas otras nieblas de los recuerdos compartidos. En ocasiones -divina casualidad-, he vuelto a encontrarlo en los versos de una canción nostálgica, donde el amor y la Gare d’Austerlitz batallan, en las páginas de alguna novela o en los fotogramas de esas películas añejas que se disfrutan en las noches de invierno. Bajo un intenso y falso aguacero parisino, cruzó conmigo su mirada no hace mucho: borsalino, gabardina ceñida y tinta que la lluvia difumina. Ha sido la última vez en que tuve la fortuna de topar con él. En su mirada de desconcierto sólo hallé la despedida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s