La receta del microcuentista

Ingredientes:

  • Narrador en tercera persona.
  • Dos personajes sin nombre ni apariencia física.
  • Tiempo presente. Una instantánea.
  • Espacio interior que favorezca cierta complicidad con el lector.
  • Un objeto sugerente sin dejar de ser cotidiano.
  • Un final inesperado.

Preparación:

Comiéncese el relato nombrando al personaje sobre el que recaerá el protagonismo y a su antagonista. Dialogando con la tradición, el autor puede valerse de un narrador inseguro, escéptico ante la trama y el carácter de los personajes o, incluso, iluminado por un cinismo vagamente insultante.

Asegúrese el autor de que la totalidad de los sucesos relatados no excedan los límites temporales de una foto fija. Se trata, pues, de visualizar una escena, más que de desarrollar un proceso, tarea que podría encargarse al propio lector si así lo desease.

Como cabe inferir de la estrechez de límites, la alusión al espacio se realizará en función de la significación del mismo, intentando que recaiga sobre un objeto o, a lo sumo, un par de ellos dotados de fuerte carga de sentido y evocación. Resulta muy efectivo situar la acción en un espacio interior, pues así se evita la dispersión entre vericuetos naturales, el azul eléctrico de un cielo deslumbrante o el avasallador espectáculo del anochecer.

El final -punto climático del preparado- debe nacer de la ruptura con el horizonte de expectativa del lector. En este aspecto, debe atenderse a la posibilidad de que el receptor espere lo inesperado, por lo que, en determinadas circunstancias, un desenlace más o menos convencional podría estar indicado. Valórese la idoneidad de la decisión, ya que de ella dependerá el éxito de la propuesta.

Tras la mezcla de los ingredientes, dispóngase al emplatado. Dote de cohesión al conjunto, cerciórese de que ha incluido un arranque de impacto y de que no falten ni sobren elementos. Tenga siempre en mente la máxima de que menos es más, aunque a veces menos pueda ser, simplemente, menos: la tarea creativa es tozuda y se empeña, a menudo, en llevar la contraria a todo tipo de reglas.

Sírvase con sencillez verbal, acompañando la ingesta -si fuera posible- con un buen dry martini. Mezclado, no agitado, por supuesto.

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2 comentarios en “La receta del microcuentista

  1. Muy bueno, con esa fina ironía tan necesaria en lo metatextual. Calculo que estarás subiendo el blog archive. En mi caso, me permite descubrir algunos textos que no había leído. Se agradece.
    Saludos van

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