Se buscan héroes

Ha sido una semana dura, y la ciclogénesis explosiva que está barriendo la Península no ayuda a olvidarla. La cosa se puso oscura tirando a catastrófica con la entrevista del otrora héroe popular y actual chupa de dómine Lance Armstrong: “Sí”, contestaba a las comprometidas preguntas sobre el consumo de sustancias prohibidas que una eterna Oprah Winfrey encadenaba mecánica y, si me apuran, obscenamente. Tras la entrevista tocaba rasgarse las vestiduras, gritar de indignación y acumular peñascos para la lapidación pública del personaje. No podemos soportar los pies de barro en los héroes. Necesitamos héroes rocosos, incuestionables, modelos inmaculados a los que admirar y que nos demuestren que el ser humano puede vencer sus limitaciones y traspasar una y otra vez la última frontera. Se ve que Armstrong no estaba capacitado para dicho papel. El equipo de casting se equivocó en el proceso de selección de ese descomunal reality show en que se ha -hemos- convertido el deporte en particular y la vida contemporánea en general.

Pero aún hay más.

También han saltado a las primeras planas las caídas de otro héroe individual y uno colectivo, podríamos decir. El españolito de a pie se pone ojiplático perdido al enterarse del trasiego de sobres que, al parecer, tenía lugar en la honrada sede del Partido Popular. En medio del contubernio, un tal Luis Bárcenas, tesorero encumbrado y caído en desgracia, avalado por el presidente del partido en otra época y hoy negado una y otra vez: “No me consta”, repiten disciplinadamente “desde la princesa altiva a la que pesca en ruin barca”. Sin embargo, resulta curioso que “no constando” los  extraños pagos se decidiese prescindir de los servicios de quien parecía firmemente asentado en el centro de la organización económica del partido en el gobierno.

Hace poco más de un año, el Partido Popular llegó al gobierno vendiéndonos un soplo de aire fresco. Frente a los escandalosos ERE, los faisanes y gasolineras del noroeste, frente a una política económica errática y sin signos de recuperación, frente a un paro en franco crecimiento, los populares quisieron mostrarse ante el electorado como los campeones del rigor, la honradez y la eficiencia. Es verdad que se conocían las espesas sombras que sobrevolaban Valencia y Baleares; pero, pese a todo, el ciudadano compró la idea: hacía falta un héroe. En estos días, la caída del héroe individual interno del partido ha dado el golpe de gracia al héroe colectivo en que el Partido Popular quería convertirse; por si el aumento del paro, la supresión de pagas, la subida del IVA y los deshaucios -con explosión sentimental de la Vicepresidenta incluído- no fueran suficientes.

Y es que los antecedentes nos demuestran que los héroes suelen jugar con cartas marcadas, pero no aprendemos. Recuerden el primer héroe occidental, ese Aquiles de los pies ligeros que embestía a los troyanos con el escudo de su invulnerabilidad; hagan memoria y piensen en Sigfrido y la sangre del dragón que cubría su cuerpo para protegerlo salvo por un breve lugar. Jugaban también con cartas marcadas, como Armstrong, como Bárcenas, como nuestros grandes partidos políticos. Comparten el mismo carácter: no es oro todo lo que reluce, se presentan ante nuestros ojos adornados de virtudes que no se deben a su propio esfuerzo, están dopados, en definitiva.

Sin embargo, seguimos necesitando héroes y modelos. Tendrán que ser héroes auténticos, que no hallan estado expuestos a la radioactividad ni cuenten con el aval de una ingente fortuna que invertir en sofisticados artilugios. Necesitamos héroes que aporten lo que realmente son, con sus limitaciones e incoherencias, no lo que dicen ser. Los ciudadanos necesitamos a alguien como el doctor Bernard Rieux, que cada día persevere en su obligación, aun a sabiendas de que está condenada al fracaso. También podría valernos un John McCLane que oscilase entre la destrucción moral y el heroísmo, pero que fuera capaz de sobreponerse a sus propias miserias sin más ayuda que sus manos, su habilidad y su constancia. Probablemente necesitemos una combinación de ambos. Aunque también es posible que no tengamos necesidad más que de nosotros mismos.

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3 comentarios en “Se buscan héroes

  1. Últimamente prefiero héroes de carne y hueso y no de celuloide o de papel. Por ejemplo, mi paisana Sonia, que hace poco regresó a España después de estar como enfermera 10 años en Colombia y 4 en Zaire, trabajando con Médicos sin Fronteras (por cierto, ahora no le reconocen para las oposiciones y concursos ese tiempo trabajado, una auténtica injusticia).
    Ha vuelto, cansada y con el alma rota por tanta barbarie, pero siempre con una sonrisa y dispuesta a echar una mano a todo el que lo necesite. Ha elegido una mala época para regresar y no entiende lo que le está pasando a nuestro país. Cuando ella se fue, a mediados de los 90, todavía creiamos en los políticos y en héroes como Indurain, por ejemplo.
    En eso consisten las auténticas proezas: dar y sacrificarse, de manera anónima, sin pedir nada a cambio. Hay miles a nuestro alrededor, aunque muchas veces no sepamos mirarlos.

    • Ahí hay un buen ejemplo de lo que necesitamos, gentes como Sonia o como el doctor Bernard Rieux de La peste, personas que cumple con las funciones que ellas mismas se han atribuido, héroes de verdad.

  2. Lo de Lance me ha dejado muy tocada, en el sentido de que esa entrevista ha sido increíble, hasta el momento no entendía como pudo hacer todo eso, pero viendo las respuestas, la frialdad… es increíble 😦

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