Poesía para jóvenes activistas

Me decía no hace mucho un sobrino que conocía un montón de letras raperas mejores que el “Como tú” de Paco Ibáñez. Me faltó un pelo para echarlo de casa y condenarlo a sufrir mi indiferencia durante el próximo lustro; pero al instante caí en la cuenta de que la idea de lo mejor o lo peor varía según barrios, edades, circunstancias, referencias y demás variables que puedan imaginarse. El caso es que le perdoné tamaño atrevimiento, no sin antes sugerirle que atendiese a cómo León Felipe afirma no haber nacido para ser piedra que sustenta los poderes del mundo (la lonja, el palacio, la audiencia, la iglesia) y que, pese a su insignificancia, la piedra humilde puede derrotar al gigante, como la historia bíblica demuestra. En fin, hablábamos, como podrán suponer, de compromiso; y el chico calló y acató, probablemente más por educación que por convencimiento. Les recuerdo el poema, por si les falla la memoria:

Así es mi vida,
piedra,
como tú. Como tú,
piedra pequeña;
como tú,
piedra ligera;
como tú,
canto que ruedas
por las calzadas
y por las veredas;
como tú,
guijarro humilde de las carreteras;
como tú,
que en días de tormenta
te hundes
en el cieno de la tierra
y luego
centelleas
bajo los cascos
y bajo las ruedas;
como tú, que no has servido
para ser ni piedra
de una lonja,
ni piedra de una audiencia,
ni piedra de un palacio,
ni piedra de una iglesia;
como tú,
piedra aventurera;
como tú,
que tal vez estás hecha
sólo para una honda,
piedra pequeña
y
ligera…

La breve conversación me ha hecho pensar estos últimos días en lo equivocados que estamos, en ocasiones, en nuestra percepción del compromiso juvenil. Se me antoja que tenemos la tendencia a no tomar demasiado en serio las acciones reivindicativas de las generaciones más recientes. Inconscientemente, pensamos que son fruto de un instante y no de la reflexión, que terminan por agotarse cuando otros impulsos adolescentes aparecen. Aunque haya pruebas de que no es así, muchos vemos a los jóvenes en conjunto como seres ávidos de fiesta y frivolidad, con un pensamiento inconsistente, negados a transitar por caminos que quienes somos ya algo mayores recorrimos en su día o intentamos seguir recorriendo en la actualidad, pese a que una cierta sensación de fracaso o absurdo vital nos golpee.

Pero, quizás, el problema no está en ellos. Es posible que el aparente mal resida en quienes hemos dejado de cumplir con nuestra función educadora, en un sentido amplio. El joven -ahora, como siempre- sigue buscando respuestas en su entorno cultural; pero en raras ocasiones encuentra alguien que le sirva de guía y le sugiera caminos más ocultos sin negar con ello la validez de aquellos que él mismo ha localizado. Recuerdo que en mi adolescencia el cura que intentaba enseñarme literatura fue quien me prestó algunos libros de Celaya y Blas de Otero, y nos hablaba de cantantes como Bob Dylan, Neil Young o Leonard Cohen a la vez que comentaba algunas letras de las canciones de moda que le sugeríamos. Aquel hombre no negaba nada, sino que ampliaba nuestro horizonte: algunos probamos aquellas rutas desconocidas; otros no lo hicieron. La vida misma.

En estos duros tiempos que por fuerza han de transformar nuestro mundo se hace necesario que vuelvan a cobrar protagonismo los guías, porque los jóvenes quiéren saber y quieren hacer, como prueba el éxito del rap y sus letras de contenido social. Hay que rescatar de los anaqueles los textos que a lo largo de siglos se han compuestos para denunciar y proponer transformaciones sociales; hay que reflotar los versos que profundizan en el concepto de amor, en lo moral, en el vivir con conciencia de hacerlo. Esas producciones son parte fundamental de nuestro acervo cultural que no podemos condenar al olvido. Rara vez encontraremos en ellas una respuesta concreta a un problema concreto; sin embargo, sí enseñarán una actitud. Y no se trata de adoctrinar, sino de mostrar para que los jóvenes no tengan que caminar solos.

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2 comentarios en “Poesía para jóvenes activistas

  1. Ay, qué difícil eso de ser guía. El otro día me impresionó, nos impresionó, porque estaba viendo la televisión con mis hijos, la noticia de los jóvenes raperos colombianos, asesinados porque se enfrentan con sus letras a la violencia que impera en Medellín.

    • Creo que “ir de guía” es difícil y, además, presuntuoso. Lo importantes es “ser guía”, mostrar y compartir lo que te gusta, lo que te hace pensar, lo que te ha ayudado a vivir. Creo que fue Pennac el que escribió que lo importante no era lo que enseñábamos, sino lo que éramos, o algo así. Habrá quien comparte nuestra visión, a quien deje indiferente y quien esté radicalmente en contra; pero sea cual sea la postura habremos logrado que se reflexione.
      Y en lo de Medellín tienes toda la razón: ha sido un hecho terrible.

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