Heroína

Noto la envidia sobre mi espalda cuando aparezco en el centro de la aldea llevando un cubo de madera desportillado. Algunas, las más jóvenes, se atreven a acercarse a mirar en su interior, pero el tejido rojo con que tapo sus bordes les impide ver el contenido: tan sólo pueden advertir el esfuerzo que me supone trasegar con él de acá para allá, mientras me ocupo de las tareas cotidianas. Estoy segura de que eso es suficiente para que se reconcoman al imaginar las delicias de su interior, pues de otra manera nadie se esforzaría tanto como aparento hacerlo yo. Pero soy fuerte y nunca compartiré mi secreto con esas viejas desdentadas que muelen mijo ni con las más jóvenes que pasean su cuerpo en el camino del río. Porque en el cubo sólo llevo la nada en que habitamos. ¡Y pesa tanto!

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