El juego de las sillas

Suena la música y todos en danza, moviéndonos sin parar al ritmo de la melodía. Unas veces es lenta y nos bamboleamos suavemente a su compás; otras, en cambio, es feroz y rabiosa, incisiva como las descargas de la picana. Pero en ningún caso el furor de la armonía debe hacernos perder la referencia de las sillas. Es determinante. Mientras tanto, los guardias, con el fusil amartillado y ajenos a la diversión del momento, esperan su turno, aquí, en Auschwitz.

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