Et in Arcadia ego

Al principio nos deslumbraron con sus palabras rotundas y esclarecedoras, tan diferentes. Nos sumergíamos en ellas y creíamos así conocernos y disfrutarnos mejor. Poco a poco, el verbo luminoso comenzó a entremezclarse con un discurso de significado impenetrable que sembraba entre nosotros el desconcierto. Hoy, muchos años después, añoramos los tiempos en que teníamos por costumbre decapitar a los mensajeros.

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