Debate de ideas

“No soy yo, es mi ADN”, susurraba el joven Jack al acariciar su cuello con la hoja de afeitar. “Te escudas en la herencia genética para no afrontar el horror de que tus actos no sean más que el fruto de una decisión libre y personal”, le contestó entre estertores la víctima, lector compulsivo de Agustín de Hipona y Tomás de Aquino. El eco de la voz rota del viejo pedante y el borbotear de la sangre -su vivo color- hicieron dudar un instante al muchacho mientras amanecía en Whitechapel.

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