¡Qué pereza!

Compareció el Ministro. Expuso algunas líneas sobre las que pretende el gobierno reformar la educación en España. Concretó poco, y cuando lo hizo simplificó demasiado. Los medios se volcaron por unas horas sobre los problemas educativos. Miento: nadie se centró en problemas educativos. Resultado de cuarenta y ocho horas en que la enseñanza ascendió al olimpo de las primeras planas: lástima.

Así, telegráfico, para que se entienda cómo me encuentro. Resulta que el principal problema de la educación en España es una asignatura que se imparte durante un único curso en Secundaria con la impresionante carga lectiva de una hora semanal. Resulta que lo terrible de dicha materia es una parte de la misma, susceptible de servir para “adoctrinar”. Resulta que lo más terrible de todo es un libro -hay bastantes más, por si no lo saben- en el que se vierten ciertas ideas opinables. Resulta que dicha obra no es ni tan siquiera un libro de texto homologado, sino un ensayo sobre la materia. Resulta que medio país está entusiasmado con el supuesto cambio que se avecina en la formación de los adolescentes, mientras que otro mitad está indignada. Resulta que en foros y tertulias ciudadanos perfectamente desinformados, carentes de espíritu crítico y con escaso alcance de miras dejan escapar su verborrea repleta de incorrecciones gramaticales y de contenido para opinar sobre lo que no conocen. Resulta que para muchos la asignatura de marras es un instrumento avieso mediante el cual el anterior gobierno ha querido alterar las tiernas mentes de los futuros votantes (por cierto, no les ha ido demasiado bien, la verdad), reclutando entre las filas del comunismo más extremo (Pol Pot era una hermana de la caridad) el profesorado encargado de impartir tamaño dislate. Resulta que yo ya no puedo soportar el ojoplatismo.

Poca gente parece haberse fijado en ese 3 + 3 de Secundaria y Bachillerato que deja un año de escolarización obligatoria colgando de la nada. Poca gente parece haberse dado cuenta de que el Ministro habla de dignificar la Formación Profesional, aunque plantea a las familias una doble alternativa: la que conduce a la Universidad y la que, en principio, no lo hace; la de los buenos estudiantes y la de los no tan buenos. Poca gente se para a pensar en que una reforma así planteada evidentemente puede reducir el número de personas que llegan al final de la escolarización obligatoria sin obtener título alguno; pero en absoluto demuestra que los que obtenga ese título un año antes sepan más. Poca gente reflexiona sobre el dinero necesario para reformar. Muchos menos se detienen en la posible influencia de la reforma estructural del sistema sobre los conciertos educativos de los centros privados. Poca gente piensa en algo, salvo en aplaudir a los suyos y silbar a los otros.

Al final, después de cuarenta y ocho horas de educación en el alero, resulta que el que manda, en realidad, no ha dicho nada. Los que escuchan, en cambio, hablan, hablan y hablan sobre la nada. Y a mí me da pereza seguir escribiendo. Buen trabajo, sí señor.

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2 comentarios en “¡Qué pereza!

  1. Amén. Coño, ocho años conspirando y ahora no tienen nada claro. Puestos a chapucear, que volvieran a implantar la LOCE, que tienen rodillo para ello. Se van a pegar la legislatura dando vueltas, como si lo viera. Y ahora vuelvo a mis deberes, que me dan pereza pero no asco.

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