La izquierda es ‘cool’

En La información, Julio Vallejo comenta La conquista de lo ‘cool’, último libro de Thomas Frank. El comentarista titula su reseña con la afirmación “El movimiento ‘hippy’ lo creo la publicidad”, aunque creo que hubiese sido más correcto incidir en el hecho de que es el mundo de la empresa quien se apropia de los iconos del movimiento juvenil más característico de los sesenta y setenta. Cierto es que desde nuestra perspectiva actual la contracultura de esos años nos es conocida mediante imágenes y sonidos transmitidos gracias a la publicidad, pero el orden de los acontecimientos fue inverso, como el mismo Vallejo expone en su texto.

De hecho, la apropiación que la publicidad hace de diferentes acontecimientos, símbolos o personajes es una constante. Si miramos con una cierta atención nos sorprenderemos ante la cantidad de muñecas que se adornan con banderas cubanas, por ejemplo, sin que los cerebros que las controlan sepan casi nada de Sierra Maestra ni de los barbudos ni de Batista ni de la Bahía de Cochinos ni de balseros ni de Fresa y chocolate ni de Reinaldo Arenas ni tan siquiera de la caña de azúcar. Para esos cerebros que guían unas muñecas tan patrióticas la bandera se asocia a una bebida -el ron Legendario– y la frivolidad de una concentración juvenil cuyo centro es el simple hecho de beber. Algo parecido sucede con ese complemento de moda en que han convertido el pañolón que identifica al pueblo palestino y que casa tan bien con una indumentaria casual y desenfadada; un look juvenil, algo progre, aunque rigurosamente medido; o con la imagen de Ernesto Guevara, que comparte protagonismo torácico con Snoopy, la gatita Kitty o el mismísimo Mickey Mouse; o, por qué no, con la iconografía soviética que pervive en siglas, emblemas y escudos dorados sobre fondo rojo.

Lo curioso de esta apropiación que la mercadotecnia hace de diferentes sucesos, símbolos y personalidades es que en la mayoría de las ocasiones se dirige hacia iconos de la cultura “progre” o izquierdista. No soy experto en tendencias de moda, pero no recuerdo haber visto camisetas con el rostro de Milton Friedman y sus Chicago Boys, por ejemplo, o del Trío de las Azores. Podría pensarse que las grandes corporaciones pretenden con esta estrategia darse un baño de progresía al convertir a los dioses de la colectividad en imágenes de la exclusividad. Otra explicación no le encuentro a la grandiosa parafernalia de la presentación de los últimos modelos de la gama Mercedes Benz:

También es posible -en el caso de la apuesta de Mercedes- que los hippies de antaño ahora vistan trajes de Ermenegildo Zegna, aunque en lo más recóndito de su ser siga perviviendo una afinidad existencial con unos valores que la pragmática cotidiana ha sepultado bajo toneladas de páginas color salmón. Y, por supuesto, es probable que esas ideas se hayan proyectado hacia sus hijos, los que compran camisetas del Che o adornan sus muñecas con la bandera de Cuba, la pobre Cuba.

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