Es la moral, estúpido

I will be goodDe apreturas venimos; hacia estrecheces caminamos. Hay que asumir los ajustes económicos, el sufrimiento, la pérdida de ciertas garantías sociales: “Es la economía, estúpido”. Son tan oscuros los tiempos que los espesos nubarrones impiden ver más allá del recorte, la subida de impuestos, el crecimiento del paro, la deuda soberana y los mercados, sean éstos quienes sean. Hemos de asumir, parece, las circunstancias si no queremos caer en posiciones tachadas de ridículas, “buenistas”, peticiones de lunas y demás imposibles. Hemos de aceptar, nos dicen, el tijeretazo porque no hay más salida. Pero, ¿para qué? ¿qué se pretende lograr más allá del indispensable tratamiento de nuestro maltrecho sistema económico y el incremento de los índices de empleo? Es evidente que alcanzar los anteriores objetivos es válido por sí mismo, que con ellos se recuperaría una parte de la felicidad perdida y el país se acercaría de nuevo a ese bienestar que se nos escapa entre los dedos. Sin embargo, mientras se logran tales finalidades, y aceptando como axioma que el camino de la ascesis es el único posible, solamente se ofrecen al ciudadano el sacrificio como consuelo y la economía como herramienta.

Yo quiero creer que la legislatura que ahora comienza podría servir para más. Concentrar esfuerzos en la terapia económica no tiene por qué suponer una renuncia a otros aspectos relacionados con la regeneración del país: mayor vertebración social y geográfica, mayor igualdad entre habitantes, mayor control de los comportamientos desviados, mayor independencia de los poderes; quizás un proyecto común, un sueño que sea España, una ilusión más allá de la materialidad necesaria y terrible. Me da la impresión de que tanto recurso a la dificultad económica puede acabar por convertirse en una excusa utilizada para no afrontar otras problemáticas nacionales que una y otra vez se retrasan. ¿Seguimos con el mismo modelo de estado o pueden introducirse ciertos cambios en él? ¿Buscamos una maopr igualdad entre los habitantes de todos los territorios? ¿Garantizamos unos mínimos estratégicos para todos los ciudadanos? ¿Deben alterarse algunas reglas para adaptarlas al juego de nuestro tiempo? Es seguro que sonará a ciencia ficción, pero, a veces, pienso que esta crisis podría aprovecharse para una regeneración ilusionante. Como si de un ave fénix se tratase, sueño con una España que renazca de sus cenizas económicas con un proyecto compartido que incite a soportar las estrecheces que nos aguardan. Quizás esté desvariando, no obstante, quiero creer que muchos españoles se involucrarían en un proyecto doloroso si el resultado final perseguido fuese una nación más justa, transparente, igualitaria y sensata. Ya que deben acometerse cambios de calado, ¿por qué no hacerlo para alcanzar una sociedad mejor que la anterior? Pero ya sé que estas ideas no son más que política-ficción, posiblemente.

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