Paseos de sábado

En noviembre de 2010 apareció Instagram, una aplicación de fotografía especialmente diseñada para el iPhone. El éxito inmediato acompañó la iniciativa casi desde su origen. La filosofía que subyace en esta apuesta es la de la inmediatez: lo veo, lo documento, lo fotografío y lo comparto. La calidad técnica o estética del resultado queda en un segundo plano, borrado por la búsqueda de la espontaneidad y la frescura. La propuesta, no me lo negarán, es atractiva: cualquiera puede documentar, cualquiera puede compartir su particular visión de las cosas y de su entorno sin recurrir a palabras. Es proyección directa del instante. Todos valemos, parecen querer decirnos los desarrolladores. Y como todos valemos, ya hay unos pocos de millones de usuarios de iPhone repartidos por el mundo aportando decenas de imágenes diarias para construir un espectacular mosaico de la vida y las ideas. Impresionante, oigan.

El caso es que también quien estas palabras escribe se ha visto dominado por el impulso de la fotografía inmediata. Harto ya de cargar con la pesada réflex y sus objetivos, cansado de pensar imágenes que al cabo no reflejan lo que se pretendió en el acto de la toma, me he aferrado al teléfono móvil y me he lanzado a la calle para descubrirme lo que siempre ha estado ahí, pero rara vez fui capaz de ver y mucho menos de recordar. No hay calidad en mis imágenes Instagram, ni lo pretendo. Tampoco hay en ellas normas de composición preconcebidas. Simplemente disparo, recorto en cuadrado lo que más me interesa de la toma en el instante en que proceso, aplico algún filtro, hago algún que otro retoque que realce las imágenes y publico en la Red. No pretendo ser Cartier-Bresson ni el chico más popular de mi círculo de incondicionales. Simplemente hago fotos porque me divierte. Para mí esa es la principal virtud de Instagram y otras aplicaciones similares. Y no es poco, la verdad.

Sin embargo, desde que uso el servicio he echado en falta la posibilidad de contar historias cómodamente. Es verdad que hay aplicaciones que permiten descomponer el encuadre en viñetas y facilitar de ese modo la narración con imágenes; pero no me es suficiente. Algunos necesitamos más espacio, varios encuadres, diversas imágenes para aludir a un todo. Esa es la razón de ser de esta entrada, un intento de contravenir la esencia de Instagram y pasar de lo puntual a lo discursivo, de las imágenes que valen por sí mismas a las que necesitan de otras para tener sentido. No encuentro otra manera de narrar el reencuentro con la calle, con mi ciudad, si no es a través de un conjunto de fotos. Quienes vivimos alejados del bullicio céntrico no podemos evitar sorprendernos por su existencia cuando nos adentramos en él. Las fotografías fijan esa sorpresa que una mañana de sábado produce en el paseante.

Empieza el paseo con un peculiar sentido del ritmo, esa repetición regular de elementos equivalentes que sin ser esperada salta ante nuestros ojos.

Al poco tiempo, colgando del mismo cielo, el ritmo vuelve a hacerse presente. Nadie las mira, pero allí, sobre las cabezas de los viandantes, en un juego casi circense, tres figuras levitan. Idéntica altura, idéntica distancia entre ellas. Perfección.

No muy lejos de quienes se esfuerzan en ser aire, un triángulo extraño niega perfección y ritmo. Aquí, tierra adentro, en este secarral andaluz, marineras de agua dulce componen una figura geométrica fallida. Las miradas no se dirigen en la dirección apropiada para que todo encaje.

Junto al ritmo visual, el sonoro. Imponiéndose sobre el rumor de voces y risas, una melodía clásica, otra suerte de ritmo, más pausado. Quien pasea ya no percibe en la escena ritmo, sino contraste entre ajetreo y paz, entre prisas y bolsas de compra y el remanso de una esquina en sombra. Pasear no es solamente mirar, es, ante todo, oír; y una mañana de sábado en el centro de Sevilla sorpende por el contraste entre sonidos.

Lo clásico, perfectamente medido, y el aparente desconcierto de otras propuestas más actuales. Y todo ello compartiendo el mismo espacio.

Sin embargo, aún queda la sorpresa final al doblar la última esquina de la calle. Sin nadie que haga corro a su alrededor, un gaitero hiere la mañana con aires celtas. Aquí, en Sevilla, tan lejos, tan lejos…

Pensarán ustedes que mi rareza se ha desbordado, pero les prometo que el agudo sonido de la gaita me sonó a música celestial que solamente era tocada para mí mientras la ciudad transitaba sin oírla.

La mañana había alcanzado su momento culminante. Era el momento de adoptar serias decisiones: perseverar o iniciar la retirada. Un tenderete callejero sugirió el camino. “Llamadores de ángeles”, rezaba un cartel que anunciaba esos colgantes que tintinean al caminar. Llamadores de ángeles…

Sin duda era el momento de acercarse a los ángeles o, en su defecto, a quienes han sido tocados por sus alas para endulzarnos la existencia. Un buen final, prometedor desenlace entre milhonjas y piononos, tejas de almendra y yemas que saben a gloria.

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5 comentarios en “Paseos de sábado

  1. Yo no sé nada de fotografía pero me gusta. Quizás el arte empiece por ahí.
    Sobre las tres imágenes finales:

    La música de la gaita es siempre celestial. A mí me conmueve. Para más cercanía con ella, allí están los “llamadores de ángeles”- también les llamamos así en Uruguay. Los artesanos dicen que cuando tintinean los ángeles guardianes se acercan más a nosotros. Y los dulces acompañan estupendamente. ¿qué más se puede agregar?

  2. Enhorabuena porque con Reflex o Iphone, siempre tus fotos transmiten un mensaje. Respecto a la posibilidad de contar historias, sugiero la posibilidad de usar Posterous o Tumblr, con una casi infinita capacidad de “recibir desde” y “enviar hacia” cualquier otra app, como por supuesto Instagram. El mío fgc.posterous.com (jeje, aunque no le añado texto porque no tengo la misma necesidad de contar historias -por ahora-).

    un abrazo

    • Muchas gracios por la información, Fermín. De hecho, tengo un Tumblr para estas cosas (caboclomovil.tumblr.com), pero vuelvo a chocar con la organización temporal de estos sistemas, así que lo utilizo como una especie de “almacén temporal”. Ciertamente podría escribir un post con un conjunto de imágenes, perorara eso tengo este blog, por ejemplo.

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