Taxonomías

Tiene ya doce años y todavía le gusta jugar con sus muñecos, manosearlos, formar alianzas entre ellos e inventarles historias. A veces son aventuras increíbles que erizan el vello de los brazos; en otras ocasiones, simples, aunque intensas, historias de amor. Pero en todos sus relatos figurados hay culpables y víctimas, ofendidos y malvados que no comprenden qué son ni por qué lo son. Sin duda, el momento más difícil del juego llega con la recogida. En un baulito que le regalaron por su último cumpleaños guarda los muñecos con tara, aquellos que perdieron un ojo por mirar a quien no debían o los que añoran el brazo perdido en la agresión a la imponente rubia del Ferrari de color rosa. La envidia es mala consejera y los pobladores del baulito de la vergüenza han sufrido en sus carnes de plástico las consecuencias de dejarse llevar por ella. En medio de la cruel tarea taxonómica que obliga a la niña a revisar con detalle sus posesiones, una voz que asciende por la escaleras, poderosa y dulce a la vez, rompe el silencio del anochecer:

– ¡Pandora! ¡Pandorita, niña, baja ya, que tienes la cena preparada!

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