La picadura

Fue un leve pinchazo, apenas perceptible. Después, una quemazón se extendió por el cuello, ascendió hasta la coronilla y circunvaló la cabeza en breves segundos. Y como vino desapareció. Esa noche, al calor de las sábanas que se adherían al cuerpo, la esposa lo notó cambiado. Había en sus movimientos un punto de vigor inusual y una perseverancia ya olvidada. “Si acaso, mañana llamamos al médico”, le susurró al oído mientras sus manos iniciaban un movimiento descendente que parecía reactivar la maquinaria agotada. Además, la conversación entre ambos se había enriquecido bastante, y tan pronto abordaban el auténtico sentido del fluir del tiempo como el influjo incontestable de Huckleberry Finn sobre The catcher in the rye.

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