¿Final?

El microcuentista es frágil y asustadizo. Siempre que termina un relato piensa que será el último. Los años le han enseñado que siempre queda otro; al menos una historia más, aunque sea la de un microcuentista al que se le han acabado las historias y, con mucho esfuerzo, es capaz de reunir palabras que se refieren a un microcuentista sin tramas ni personajes que decide finalizar con un relato sobre un microcuentista sin relatos potenciales, tan sólo el de la despedida. El microcuentista sufre mucho con estos pensamientos en bucle y huye de ellos sumergiéndose en la realidad. Pero la realidad es tan poco interesante a veces que, después de un tiempo de observación minuciosa y obsesiva, decide mejorarla, con una pincelada aquí y una anécdota de allá. Entonces, el microcuentista regresa desde el Hades, como si de un nuevo Orfeo se tratase. Y es que no estaba muerto, no, no; que estaba tomando cañas.

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