Decidnos, el caballero

Hay que ir paso a paso para que cada elemento ocupe su lugar preciso. Los zapatos, siempre negros, envuelven el aún más negro de los calcetines; la raya del pantalón parte con simetría el muslo; el cinturón ciñe el vientre dos dedos por debajo del ombligo; la camisa sin una arruga; la corbata, con su doble nudo, oculta la fealdad del cuello abotonado. Y la chaqueta, claro. La apariencia general debe ofrecer contraste entre lo oscuro exterior y la claridad simbólica de la camisa.

Ya estás casi listo. Unos toques en el cabello, algo de colonia para refrescar el rostro y a la calle pues, a la queste, que los dragones aguardan donde menos se espera, tras la esquina de los juzgados, en el alero de la catedral o en la cafetería del edificio de oficinas. A luchar con valor, caballero de pureza, último baluarte de nuestras esperanzas, en ti confiamos los desgraciados hijos de Eva. A la gloria, a la gloria, o al fracaso.

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