Pecado original

Nos queremos tanto que lo de uno es también del otro. Ayer, por ejemplo, mamá olvidó ponerme el bocadillo en la mochila y mis tripas rugían desquiciadas a la hora del recreo. Mi amigo del alma me dio parte de su desayuno. Otro día juntamos nuestros lápices de colores porque no completábamos la gama por separado; y en otra ocasión el mismo paraguas nos cobijó, porque diluviaba y mamá no quiere que vuelva a casa mojado.

Hoy estábamos tan contentos por nuestra amistad eterna que en medio del patio nos hemos abrazado para celebrar que había marcado gol. Era tanta nuestra alegría que quisimos multiplicarla con un beso –beso por uno, beso; beso por dos, más beso-. En el justo centro de la cancha, a la vista de todos, estampamos nuestros labios. Su boca sabía rara, creo que por culpa del batido o del sandwich frío que había comido un rato antes. Después hemos ido de la mano hasta las escaleras que bajan desde el porche del colegio y hemos compartido una manzana.

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