Encuentro

Se perdió entre sus piernas. Mucho después, al descender desde las colinas del deseo, tras cruzar valles de olvido y desiertos de la constancia, volví a encontrarlo enredado entre los rizos del monte de Venus. Nos miramos. “El doctor Livingstone, supongo”, acerté a decir mientras me arrojaba en sus brazos abiertos.

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