Promesas

El niño que recoge conchitas en la orilla ha visto una botella flotando sobre las olas. Mientras la recupera, se imagina a bordo de un velero, surcando los siete mares en busca del náufrago. Ya se ve desembarcando en la isla desierta y casi podría decirse que siente el abrazo pegajoso de un hombre a quien la soledad de tantos años ha privado de la capacidad del habla. Con trabajo arduo, las ilusas manos del niño consiguen extraer un diminuto papel con unas breves frases: “Estoy bien. No se preocupen. No me busquen”.

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