No sabes con quién estás hablando

Tras la discusión deseó que el cielo se abriera sobre su cabeza y un rayo fulgente lo atravesase de parte a parte. Se regodeaba imaginando cómo toda su estructura ósea adoptaría una consistencia similar a las natillas. Ya no volvería a ver su mirada de suficiencia ni aquel rictus despreciativo en sus labios. Zeus no podía negarle un favor tan insignificante.

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