Empirismo

Sereno y tranquilo voy a llamar a la puerta de bronce del sepulcro.
J. W. Goethe, Las desventuras del joven Werther.

El microcuentista disfruta con su arte porque puede manejar el tiempo a su antojo. Hoy mismo ha comprobado cómo el intervalo que dista entre un disparo en la sien y la muerte efectiva del personaje es muy superior al real. En ese estrecho lapso caben, al menos, dos reflexiones, un haz de luz que inunda la escena, el retumbar del disparo rebotando entre las paredes y la sensación de lenta lasitud que embarga el cuerpo herido y embriaga al lector. En cambio, en una situación real nada de eso es posible. La muerte es rotunda y prácticamente instantánea, incuestionable, antiliteraria. Hoy lo ha comprobado sin que quede la más mínima sombra de duda; acaso un leve olor a pólvora.

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