Alter ego

“Converso con el hombre que siempre va conmigo
-quien habla solo espera hablar a Dios un día-;
mi soliloquio es plática con este buen amigo
que me enseñó el secreto de la filantropía.”
Antonio Machado

En la penumbra del dormitorio, una figura triste, sentada en una sillita de enea, me observa cada noche. Hasta el momento no he cruzado palabra con la aparición, porque flota en el ambiente el inequívoco sentir de que entre ambos ya está todo hablado. El amanecer despierta la razón dormida para comprobar que nada ni nadie se encuentra en el rincón, salvo la sillita cubierta de ropas y un vago temblor de sombra y luz que se diluye al tiempo que la maquinaria pone en funcionamiento las tareas rutinarias: higiene, alimentación, trabajo, contacto familiar. Convertido ya en nueva rutina, el encuentro nocturno con la sombra es el momento más intenso de la jornada. Ahí, en la sillita de enea, con gesto de abatimiento contenido, velo mi propio sueño y callo.

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