Lirismo culpable

En un ataque de debilidad impropia de él, el microcuentista se puso lírico. Con una pirueta, un haiku nació en la palma de su mano:

Para abrazarte
no he bajado al infierno,
sino a la tarde.

Al instante, truenos y centellas estallaron en el cielo para enmarcar el advenimiento de Pantagruel, sicario vengador a sueldo de los demonios narrativos. El gigante afeó la conducta del cuentista traidor y lo devoró. Justo en el momento en que era deglutido, otro poema afloraba en la comisura de sus labios:

Olor a espliego;
entre abrazos partidos…

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s