Excusas

El microcuentista lleva ya un tiempo sin encontrar historias adecuadas. En vez de perseverar, busca excusas tranquilizadoras: la tensión del trabajo que lo alimenta, las ansias de agradar, la sangre en la orina que descubrió hace algunas semanas. Cuando ya no puede soportar más la sensación de fracaso, abandona la escritura y lee. Vuelven así los argumentos y los personajes que se enroscan en piernas y manos para reclamar el esfuerzo que les permita nacer en una trama. El autor -¡qué frágil!- retoma la escritura. Una historia y otra y otra, hasta que la fuente de ideas termina por agotarse de nuevo. Entonces piensa que quizás se deba a la difícil coyuntura que atraviesa la humanidad, a la imposible difusión de su obra, al intenso dolor que siente en el hígado.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s