Uno y trino

Después de perseguir con fiereza, torturar y, al fin, matar en nombre de Dios a quienes reniegan de su nombre verdadero, he alcanzado la salvación. Al entrar en el Paraíso de la beatitud encuentro que también han llegado hasta allí aquellos a los que he hostigado, martirizado y ajusticiado por herejía declarada, heterodoxia o desviación. Según parece tanto unos como otros compartimos el mismo Dios. Y aún habrá quien me culpe y ensucie mi nombre por no ser capaz de discernir cuál es la senda adecuada en el laberinto de los designios del Creador.

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