La Puerta de Tannhäuser

“He visto rayos C brillar en la oscuridad, cerca de la puerta de Tannhäuser.”

Roy Batty, en Blade Runner.

Era minucioso como pocos. Ocupaba casi todo su tiempo en dibujar naves espaciales repletas de detalles que después terminaba convirtiendo en preciosas maquetas: cruceros imperiales que perseguían al Halcón Milenario, réplicas del Enterprise o vipers coloniales que protegían la estrella de combate Galáctica. Tal era su ensimismamiento y dedicación que rara vez se hacía eco de las burlas soterradas de los compañeros de clase ni de la ironía que con él se gastaba el profesor de dibujo al insistir sobre los talentos malgastados. Yo, mientras tanto, rondaba a su alrededor, cegado por el despliegue de fantasía, aunque incapaz de formar parte plena y comprometida de algo que me subyugaba y aterraba a la vez. Recuerdo que veía en nuestro caótico universo de ficción un riesgo gratuito que mi mente racional no estaba dispuesto a correr, por mucho que una amistad creada con trazos de tinta y sueños pudiese sufrir con una actitud tan tibia. Al final, acabó imponiéndose el miedo al qué dirán y el deseo de una culpable normalidad. Nos distanciamos y terminamos por seguir caminos muy diferentes.

Años después volví a encontrarlo paseando a pie de playa. Había cambiado muy poco, apenas unas cuantas canas coronaban su cabeza de coronel de la Flota de la Federación. Charlamos un buen rato, que si el tiempo y los recuerdos compartidos, el presente, las familias, los conocidos. Medio en broma, medio en serio, me informó de cómo había comandado un batallón de Nexus 6 y combatido al frente de ellos en la mismísima Puerta de Tannhäuser. En ese momento, la mujer que lo acompañaba -rubia cegadora, piel arrasada por el sol, extrema delgadez- se apretó contra su brazo mientras me dirigía una sonrisa que subrayaba un guiño de complicidad. Cambió de rumbo la conversación.

No hace mucho he vuelto a encontrarme con la mujer. Al reconocernos nos hemos saludado y cruzado unas palabras. Le he preguntado por mi amigo y con aparente naturalidad me ha dicho que una mañana despertó con el vacío de su cuerpo junto a ella. Mi compañero de la juventud le había dejado una flor sobre la cómoda. En el armario sólo faltaba el uniforme de las Tropas de Asalto Estelar. Desde entonces no puedo quitarme de la cabeza la sensación de que he desperdiciado mi vida.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s