Escena de alcoba

La escena en los aposentos del matrimonio reinante. La claridad de la mañana comienza a penetrar en la dependencia y recorre el cuerpo de una mujer con ritmo matemático desde los pies hasta el regazo. Allí parece detenerse un instante para iluminar el extremo de una labor de costura interminable. Tras la brevísima parada, el rayo de luz continúa su andadura hasta acariciar el rostro de la mujer, que levanta suavemente el mentón y dirige la mirada hacia un hombre encapuchado, andrajoso y derrotado.

PENÉLOPE: Llegas tarde. (Vuelve, tras sus palabras, los ojos a la labor y sus manos continúan un movimiento que ha termindo por convertirse en gesto mecánico)

ODISEO: El trabajo, ya sabes. (Abandona el hombre un arco y su correspondiente carcaj sobre una silla cercana colocada al efecto)

PENÉLOPE: Mientes, pero gracias.

La claridad termina de iluminar la escena completa y cae el Telón. Cuchicheos en el patio de butacas que se preguntan sobre la actitud de TELÉMACO, vistas las circunstancias.

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