Cuarto creciente

La esposa del licántropo sonríe en silencio mientras sus amigas de bridge se quejan del desapego de sus maridos. Ella tiene la certeza secreta de disfrutar cada veintiocho días de una noche de sudores, placer y bestialismo. Con el discurrir de las fases lunares ha aprendido a interpretar y comprender el brillo en los ojos de los zoófilos. Eso es tolerancia, se dice al tiempo que siente cómo el tuétano de sus huesos se hace espuma. Gana una baza de corazones, mira a través de la ventana y muerde con suavidad su labio inferior al contemplar el cuarto creciente.

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