Constancia

El Microcuentista sabía con certeza que su hora llegaría pronto. Por eso se sirvió otra copa y escribió:

“He bebido del cáliz. Muero. Seré eterno.”

Fue su último trabajo.

La viuda, tras el dolor punzante por la pérdida inesperada, empaquetó sus ropas, regaló la mayoría de los objetos personales, publicó una nota en su blog avisando de la muerte del autor y, al cabo, se dispuso a rehacer su vida. No obstante, tres años después el blog del Microcuentista seguía arrojando textos al ritmo de tres por semana. Nadie podía explicarlo.

Pocos días antes de que el sistema de publicación entrara en bancarrota y decidiese el cierre a causa del descenso de ingresos publicitarios, pudo leerse en la bitácora del escritor el siguiente texto:

“El Microcuentista muda su alojamiento a una nueva dirección:

http://microcuentista.enelaverno.org.”

La viuda ya no sabe cómo librarse del pasado y, desesperada, busca en el bosque de relatos del difunto la copa de la que había bebido.

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